@DIN - Comentarios, entrevistas, reportajes: junio 10, 2007

miércoles, junio 13, 2007

Más sobre "Muertos de amor"


Amigos de @DIN. Ahí va una crítica del libro más, para que la suban si les parece.
Saludos

Ignacio

Revista Sudestada

revsudestada@ciudad.com.ar

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La historia como folletín grotesco

Por: Hugo Montero


“Todo escritor es un ratero”, se atajó alguna vez Bruce Chatwin. El británico intentaba justificar con esa sentencia su trabajo para el libro En Patagonia, donde en vez de profundizar una investigación propia se había dedicado a usufructuar el trabajo de historiadores de la zona y a manipular sus conclusiones, sin siquiera preocuparse por citarlos. “En la jerga periodística, Chatwin era un extraordinario cocinero. Es decir, alguien que toma las crónicas de otros, picotea un poco aquí, un poco allá, toma el jamón del sándwich y eureka: ya está listo el best-seller”, aseguró Osvaldo Bayer acerca del “trabajo” del británico en el sur argentino.

Las similitudes entre Chatwin y Lanata sorprenden, pero con una salvedad. Chatwin escribía bien. Lo de Lanata es mala literatura. Muy mala. Y poca, por cierto. Es curioso: el libro parece apurado. Indudablemente urgido por la cercanía de la Feria del Libro, Lanata se apresura en armar un desprolijo collage de documentos y testimonios (recogidos por otros historiadores, previamente), páginas enteras robadas del buscador de internet Google como relleno (de la 48 a la 52, basta con ingresar a la web www.fullaventura.com.ar, wwwgaleon.com/armasonline, o a www.forosegundaguerra.com para observar que la transcripción es textual), y todo mechado con breves interrupciones donde “el autor” irrumpe en el relato desde la primera persona para dejar sus impresiones. Lanata no cita investigaciones ni referencias previas; tampoco advierte que las entrevistas que publica no fueron realizadas por él: hay dos extensos fragmentos de un reportaje de la revista La Intemperie a Héctor Jouvé que él no realizó porque, según comenta el propio Jouvé en Sudestada, Lanata apenas tuvo una charla de 10 minutos con él. Pero eso no importa.

Es curioso: Lanata se aprovecha del archivo del historiador Gabriel Rot para manipular la crónica; se apropia de un verso del poeta Alberto Szpunberg para titular su libro, tergiversando el sentido original; y manosea el testimonio de Jouvé para narrar la historia. Los tres, únicas fuentes fiables a nivel documental de la experiencia del EGP, rechazan la novela de Lanata: la consideran oportunista, marketinera, nada ética.

Muertos de amor se inscribe dentro del género “novela histórica”, y todas las licencias son válidas. Aún la licencia para robar. Muertos de amor no aporta un solo dato nuevo sobre la experiencia del EGP en Salta. Pero eso tampoco es grave, lo extraño es que con tan poca intervención creativa del autor se puedan cometer tantas fallas documentales y se pretenda manipular la historia de forma tan descarada. Pero vayamos por partes, y señalemos primero los groseros yerros documentales. En la página 34, Lanata bate un récord: se equivoca (¿se equivoca?) dos veces en tres líneas. Escribe: “(Masetti) Participó del grupo fundador de la agencia Prensa Latina y terminó cercado por las autoridades del Partido Comunista cubano”. Primero, el Partido Comunista cubano no existía como tal en ese tiempo, ya que recién fue fundado el 3 de octubre de 1965. Para esa fecha, hacía tiempo que Masetti había desaparecido en el monte salteño. La referencia válida a la que alude Lanata es al Partido Socialista Popular, la organización que respondía directamente a las órdenes de Moscú y que protagonizó la disputa interna contra Masetti en Prensa Latina. Se trata de un anacronismo, hijo de una escasa lectura de la crónica historiográfica.

Ahora bien, decir que Masetti “participó del grupo fundador de la agencia”, es minimizar el papel real que cumplió el periodista argentino en la organización y la puesta en marcha de Prensa Latina. Masetti no sólo fue fundador y su primer director: fue el hombre que se encargó de cada detalle interno, desde redactar las recomendaciones para los redactores hasta impulsar la apertura de oficinas en toda América Latina. No es lo mismo “fundar” que “participar del grupo fundador”. Si no, basta con revisar la solapa del libro y detenerse en el apartado de los datos profesionales del autor: allí, en cambio, se afirma que Lanata “fundó el diario Página/12” y no que “participó del grupo fundador”. Esta negación injustificada de los méritos de Masetti oculta, en realidad, una intencionalidad concreta: Lanata necesita dibujar un perfil autoritario, ciclotímico, “paranoico”, “cazador de jóvenes comunistas” (un absurdo sin fundamentación) y soberbio del personaje. Por eso, el trabajo de Masetti carece de méritos. Por eso, escribe, “encontrar al Che Guevara en medio de la Sierra Maestra era igual a encontrar la tumba de Jim Morrison en Pere-Lachaise: todo el mundo conoce el lugar”. Esta afirmación es ridícula, más allá del nulo valor literario de la comparación. Es, una vez más, un intento por empequeñecer el trabajo de Masetti cuando viaja a Cuba y obtiene los testimonios, en exclusiva y en las peores condiciones posibles, del Che y Fidel. Nadie conocía el lugar donde se escondía la comandancia rebelde en la Sierra, y el libro Los que luchan y los que lloran da cuenta del enorme esfuerzo que le significó a Masetti sortear la represión de Batista y la desconfianza de la gente del Movimiento 26 de Julio, para llegar hasta Guevara y grabar su palabra. “Este reportaje es, en mi opinión, la mayor hazaña individual del periodismo argentino”, escribió Rodolfo Walsh. Pero para Lanata, el detalle no tiene mérito: era tan fácil encontrar a Guevara como a la tumba de Morrison en el cementerio parisino.

Otro error documental se advierte en la página 136, cuando el autor afirma: “El hijo del General Alsogaray, guerrillero del ERP, fue asesinado algunos años después en Tucumán”. No, Alsogaray era oficial de una escuadra de Montoneros que desarrollaba tareas de relevamiento en la zona norte de Tucumán, cuando fue asesinado, junto con sus compañeros, por una patrulla del ejército de Bussi. Parece extraño que en un libro que se monta sobre investigaciones ajenas y que se apropia de testimonios registrados por otros historiadores, se puedan cometer fallas tan agudas.

Pero lo peor no son los errores, sino las intenciones. Lanata intenta, al parecer, establecer un vínculo entre la experiencia del EGP en los 60 y la de las organizaciones armadas en los 70, pero no lo logra. La relación es forzada, la creatividad mínima (apela a un fragmento del documento del PRT-ERP, “Moral y proletarización”, que irrumpe descontextualizado y sin nexo con lo que se cuenta). Lanata intenta, al parecer, saldar alguna vieja cuenta con el Che (y tampoco lo logra), al esbozar en él una suerte de Maquiavelo socialista, que juega al ajedrez con la vida de sus hombres mientras camina a su derrota inexorable y predecible, según la luminaria inteligencia del autor. Lo que sucede es que el Che no sabe lo que sí conoce Lanata: “El Che fue lo que los demás quisieron ver en él. (..) Ya no eligió: fue elegido, el Che era más grande que él, y terminaría devorando su vida y la de los demás”, escribe.

Lanata propone (y esto sí lo consigue) establecer en la relación entre los compañeros del EGP un clima sostenido de desprecio, de insultos repetidos, de vulgaridades. Sobrevuelan los personajes como asesinos morbosos que se ríen a carcajadas cuando tienen a un gendarme a su merced (página 120), como arrepentidos para quienes siempre es demasiado tarde para retroceder, como espectros derrotados aún antes de lanzarse al monte y como homofóbicos suicidas, fascinados por la muerte (“Nos sucede algo raro con la Muerte. A veces pensamos que purifica”, escribe).

Eso son los combatientes del EGP, para Lanata.

Los gendarmes, en cambio, para Lanata, son casi niños, inocentes de toda ingenuidad (“era un chico cobrizo, nervioso, con uniforme de gendarme desaliñado, encañonándome con su fusil”, escribe), vestidos con harapos y mal armados, en comparación con la indumentaria y el armamento de los guerrilleros. Los gendarmes son las víctimas en el relato (“la cara del cholito vuelve, redonda, ojos chinitos, miedo”, escribe). ¿Son los mismos gendarmes que después torturan salvajemente a los prisioneros? ¿En qué parte de la historia se queda Lanata, que “elige” olvidarse de los gendarmes sembrando el terror en los poblados cercanos, simulando fusilamientos, golpeando a los prisioneros y obligándolos a meter sus cabezas en el cadáver desviscerado de uno de ellos como represalia? ¿Eran los mismos “chicos cobrizos”, “cholitos” con miedo, entonces, los gendarmes? Para Lanata, está claro, no hay dos demonios. Hay uno solo.

¿Novela histórica? ¿Caricatura? No, menos. Un pálido grotesco, un folletín de cuarta, una historia que no puede ser más lejana a la realidad, aún en los hechos más intrascendentes. Eso sí, hay una revolución que se muerde la cola, hay suicidas asesinos con sed de sangre enviados por el Che a una muerte segura. ¿Hay compañeros que comparten el hambre, la soledad, el sacrificio, un sueño, algo? No, en la novela hay mercenarios que se insultan entre sí, que se mueren de ganas de matar porque es muy fácil, revolucionarios sin revolución que se mofan con soberbia de los pobladores locales (“Esperan un par de zapatos nuevos; yo les ofrezco la inmortalidad. No la quieren, no la necesitan, no la entienden”, escribe).

Pero hay un párrafo valioso entre tanta basura marketinera. Un párrafo que, extrañamente, se filtra entre el folletín patético y la documentación manipulada. Algo para rescatar. El fragmento dice así: “Es curioso: somos capaces de las actitudes más miserables, egoístas y elementales en búsqueda de recompensas concretas, y a la vez podemos dar la vida por cosas abstractas: la felicidad, la patria, la fe, el amor, la dignidad”. No hace falta mencionar qué parte de este fragmento se ajusta mejor a la intención de Lanata con su Muertos de amor.

Miserable, egoísta y elemental, lo espera, claro, su recompensa concreta.


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Ver nota relacionada

EEUU bajo el "Síndrome de Vietnam"

En mayo siguió aumentando el número de soldados estadounidenses muertos en combate

Por: Jerry White
Web Socialist Website (www.wsws.org)/ IraqSolidaridad (www.iraqsolidaridad.org)

Traducido del inglés para IraqSolidaridad por Felisa Sastre

“El teniente general Raymond Odierno, responsable del seguimiento de las operaciones militares cotidianas en Iraq, dijo que apoyaba un acuerdo del tipo al que se estableció con Corea del Sur para mantener durante años las fuerzas estadounidenses en Iraq: ‘Si fuéramos capaces de conseguirlo, eso no haría sino ayudar a las fuerzas de seguridad iraquíes y al gobierno a estabilizarse y a consolidarse con éxito durante los años venideros’, declaró ante periodistas del Pentágono en videoconferencia desde Bagdad.”

Altos dirigentes del gobierno Bush afirmaron recientemente que la presencia militar estadounidense en Iraq podría durar décadas, estableciendo una analogía con Corea del Sur, donde las tropas estadounidenses permanecieron durante más de medio siglo. Los comentarios, realizados por la Casa Blanca, el Secretario de Defensa y el máximo mando militar del ejército de EEUU en Iraq, se efectuaron en el mismo momento en que el número de soldados estadounidenses muertos en mayo se elevaba a 124: la tercera cifra más alta de las pérdidas mensuales desde que se inició la guerra en marzo de 2003 [1].

En la comparecencia ante la prensa de los miércoles, Tony Show, portavoz de la Casa Blanca, afirmó que el presidente Bush creía que la situación en Iraq y “[…] la guerra contra el terrorismo” iban “[…] a durar mucho tiempo” y que ello exigiría la presencia a largo plazo de EEUU en este país, incluso una vez que los iraquíes se hagan cargo de las principales competencias de seguridad. [Según el portavoz], el presidente creía que EEUU debería mantener un “[…] papel de vigilancia de apoyo para reaccionar rápidamente ante los desafíos más importantes o ante las crisis”.

Snow afirmó que esto sería comparable a la presencia estadounidense en Corea del Sur, “[…] donde durante muchos años hubo fuerzas estadounidenses estacionadas allí como una forma de mantener la estabilidad y la seguridad para el pueblo de Corea del Sur contra la amenaza de su vecino norcoreano”. Al decir que no estaba comparando a Corea del Norte con “[…] los vecinos de Iraq”, en referencia evidente a Irán, Snow declaró que el papel principal de las tropas estadounidenses sería aportar seguridad interna, no externa en Iraq [2]. Fingiendo que el país ocupado por EEUU ejercía su soberanía nacional, Snow añadió que las tropas estadounidenses se quedarían “[…] mientras el pueblo iraquí lo considere razonable, que es, al fin y al cabo, nuestro anfitrión y el único que puede invitarnos [a quedarnos]”.

Preguntado sobre si los soldados estadounidenses permanecerían en el país durante 50 años, tal como estuvieron en Corea del Sur, el portavoz de la Casa Blanca contestó que era imposible de predecir: “[…] No lo sé. Se trata de una pregunta que no tiene respuesta, pero no estoy sugiriendo que vaya a ser así. La guerra contra el terrorismo es una guerra larga”.


Presencia a largo plazo


Robert Gates, Secretario de Defensa, repitió estas apreciaciones el jueves [31 de mayo] al afirmar que un cierto contingente de soldados estadounidenses permanecería en Iraq durante “[…] un dilatado periodo de tiempo”. Gates declaró que tal presencia a largo plazo garantizaría a los aliados de Oriente Medio y a otros países el que EEUU no se retiraría de Iraq tal como lo hizo de Vietnam “total e incondicionalmente”:

“[…] La idea es más la de establecer un modelo de acuerdo consensuado por el cual nos aseguremos una presencia duradera, pero un acuerdo que tenga el consentimientos de ambas partes y con ciertas condiciones.”

Gates y el almirante Timothy J. Kaeting, comandante en jefe del Mando estadounidense del Pacífico, hablaron con los periodistas en Camp Smith, Hawai, antes de su viaje a Singapur para participar en la el “Diálogo de Shangai”, una conferencia regional de tres días sobre seguridad. Gates afirmó que uno de los mensajes principales para la próxima conferencia era que “[…] aunque estemos llevando a cabo guerras en Iraq y Afganistán, y una guerra global contra el terrorismo, no tenemos intención de olvidarnos de Asia”. Esta última puntualización, espeluznante para los pueblos asiáticos, era una referencia específica a China, cuyo rearme militar, declaró el Secretario de Defensa, constituía una enorme preocupación para EEUU.

El restablecimiento de bases militares permanentes estadounidenses en Oriente Medio —en particular tras la oposición popular que provocó la retirada de las tropas estadounidenses de Arabia Saudí hace cuatro años— ha sido uno de los principales objetivos de EEUU que considera Iraq una plataforma de lanzamiento para intervenir en toda la rica región petrolera [3]. La analogía con Corea del Sur también resulta significativa para quienes dicen que EEUU “está llevando democracia a Iraq”. Las fuerzas estadounidenses intervinieron en la península coreana en 1950 para aplastar la rebelión contra el colonialismo, y la presencia de sus soldados ayudó a mantener una dictadura militar que gobernó Corea del Sur durante décadas.

El teniente general Raymond Odierno, responsable del seguimiento de las operaciones militares cotidianas en Iraq, dijo que apoyaba un acuerdo del tipo al que se estableció con Corea del Sur para mantener durante años las fuerzas estadounidenses en Iraq: “[…] Si fuéramos capaces de conseguirlo, eso no haría sino ayudar a las fuerzas de seguridad iraquíes y al gobierno a estabilizarse y a consolidarse con éxito durante los años venideros”, declaró ante periodistas del Pentágono en videoconferencia desde Bagdad.


Más tiempo


El general aprovechó la oportunidad para manifestar que septiembre podría ser demasiado pronto para evaluar el éxito de la intensificación militar que el presidente Bush ordenó el pasado mes de enero, porque el despliegue completo de tropas estadounidenses no se completará hasta mediados de junio, cuando otros 8.000 soldados lleguen a Bagdad y a la provincia de al-Anbar. El Congreso estadounidense ha ordenado a los responsables militares que informen del progreso de la operación a finales de verano, y Odierno declaró que entregaría su evaluación en esas fechas. Los comentarios de Odierno sólo demuestran la farsa de las afirmaciones de la mayoría demócrata al considerar al gobierno Bush el único “responsable”.

Gates, el Secretario de Defensa, cuya candidatura fue confirmada con el apoyo de los demócratas, respondió diciendo que no le preocupaba que Odierno pidiera más tiempo y que no creía que el general quisiera cambiar el calendario:

“[…] No creo que las reglas de juego hayan cambiado en absoluto. Considero que lo básicamente ha dicho es que el informe puede realizarse de diferentes formas, una de las cuales es ‘con más de tiempo’. […] A mi juicio, nuestros mandos militares no deberían preocuparse por el reloj de Washington.”

Mientras tanto, con el fin de demostrar el supuesto progreso de la operación, Odiers rompió el protocolo y dio a conocer datos de las bajas [iraquíes] que recordaban la época de la guerra de Vietnam. Afirmó que las fuerzas estadounidenses habían matado a 3.184 combatientes enemigos, 837 de ellos en Bagdad, y habían herido a otros 1.016 desde el 13 de febrero, fecha del inicio del aumento de tropas. Según datos del Ejército, habían detenido a otras 18.000 personas y habían construido muros de separación en una docena de enclaves [4].

Odieron afirmó que en las próximas semanas las fuerzas del ejército estadounidense se enfrentarían a los resistentes fuera de Bagdad, en particular en el sur y este de la provincia de Diyala.



Más bajas estadounidenses


Los mandos militares de EEUU siguen advirtiendo del aumento de las bajas estadounidenses cuando los soldados salen de las zonas fortificadas, se implican en luchas callejeras y acuden a las comisarías locales. El número de 124 soldados estadounidenses muertos en mayo fue facilitado por Iraq Coalition Casualties, una página web que supervisa los datos oficiales de bajas del Departamento de Defensa estadounidense. Esta cifra sólo se ha superado en dos meses de 2004 durante los asedios de Faluya de abril y noviembre, con 135 y 137 soldados muertos respectivamente.

Oficiales del ejército afirman que las fuerzas contra la ocupación se han hecho más sofisticadas: “[…] Todo el mundo tiene que recordar que luchamos contra un adversario muy inteligente que adapta continuamente sus tácticas, técnicas y procedimientos”, afirma el coronel Mike Galloucis, quien añade: “[…] Están fabricando bombas muy mortíferas”. A principios de la primavera, los responsables estadounidenses declararon que las bombas caseras [5] eran responsables del 60% de los muertos estadounidenses: ahora lo son del 80%. Durante el fin de semana [de la celebración] del Memorial Day la resistencia derribó un helicóptero en Diyala y llenó de bombas trampa el lugar y la carretera que conduce a la ciudad, lo que ocasionó que seis soldados estadounidenses de un grupo de respuesta inmediata saltaran por los aires.

Entre los últimos soldados muertos esta semana, se encontraba un soldado de 20 años de Kentucky, Joshua Moore, cuyo todoterreno fue alcanzado por un artefacto de fabricación casera en Bagdad. El padre de Moore, originario de Logan County, declaró que su hijo se alistó en el Ejército poco después de acabar sus estudios secundarios y que había vuelto a casa recientemente, por primera vez en un año, con un permiso de 15 días para ver a su familia.


Demócratas y republicanos

Cualesquiera que sean sus diferencias, tanto demócratas como republicanos están comprometidos en la defensa de los intereses geopolíticos del imperialismo estadounidense en esa rica región petrolera y en evitar unas consecuencias similares a las de Vietnam. Ante la creciente debacle militar en Iraq, comienza a surgir un consenso sobre la estrategia [a seguir] “ tras el incremento de tropas”, consistente en desplegar soldados estadounidenses fuera de las zonas urbanas y hacer un mayor uso de las fuerzas especiales y de la fuerza aérea para “combatir el terrorismo” y defender los “intereses nacionales” de EEUU. El objetivo de tal estrategia sería reducir las bajas estadounidenses y establecer unas mejores condiciones políticas en EEUU con vistas a una ocupación a largo plazo de Iraq y el control de sus enormes recursos energéticos [6].

Para conseguir este objetivo, la muerte de miles de soldados estadounidenses y centenares de miles de iraquíes resulta una insignificancia. Este desprecio lo resumió Tom Koppel, veterano periodista de ABC News, en una columna publicada el 31 de mayo, titulada “Análisis objetivo de la cifra de muertes estadounidenses en Iraq”. Al expresar preocupación acerca de que el creciente número de bajas estadounidenses estaba suscitando “[…] el sentimiento nacional de la urgencia de marcharse”, Koppel argumenta que se puede convencer a la población estadounidense para que acepte incluso un número mayor de muertes si el gobierno Bush explica que el control del petróleo de Oriente Medio es vital para el pueblo estadounidense:

“[…] En lo que ha fracasado el gobierno Bush, de forma trágica y reiterada, es en explicar a la opinión pública estadounidense por qué, primero, se enviaron tropas a Iraq y por qué tienen que seguir allí ahora.”

Ridiculizando las explicaciones oficiales, como la de “[…] la obligación moral de EEU de luchar contra el caos y la anarquía” en otros países, Koppel mantiene que la auténtica razón “[…] tiene que ver con los intereses estadounidenses: la estabilidad en el Golfo Pérsico, el mayor productor y exportador de petróleo y gas natural”. “No se trata de un argumento político fácil de vender: sangre por petróleo jamás ha sido un eslogan popular en EEUU”, reconoce Koppel. Sin embargo, continúa, los políticos tienen que decir a los estadounidenses que si quieren seguir conduciendo sus coches tienen que apoyar la guerra:

“[…] Si quiere que esos vehículos sigan circulando sin el petróleo del Golfo Pérsico, debe saber que una retirada estadounidense de Iraq no está prevista en nuestro futuro inmediato.”


Notas de IraqSolidaridad:
1. La cifra final de muertos en combate en mayo es de 120 soldados estadounidenses, dos británicos y un danés (http://icasualties.org). Balances de los meses previos pueden revisarse en IraqSolidaridad: Carlos Varea: Grupos islamistas de la resistencia iraquí critican públicamente a Al-Qaeda en Iraq. EEUU registró en abril el mayor número de bajas en seis meses y Reino Unido desde enero de 2005 y enlaces asociados.
2. Delegaciones oficiales de EEUU e Irán se encontraban en Bagdad en mayo para discutir sobre la seguridad en Iraq, un encuentro de un día de duración, a nivel de embajadores, considerado por ambas partes a su término como positivo. Véase en IraqSolidaridad: Carlos Varea: La Administración Bush asume que su permanencia en Iraq depende de la actitud de Teherán. EEUU e Irán inician en Bagdad negociaciones sobre Iraq .
3. Véase en IraqSolidaridad: Informe de ‘Global Policy Forum’ (I): Al inicio de 2007 había en el país 55 grandes instalaciones estadounidenses. Las bases de EEUU en Iraq y la nueva embajada en Bagdad .
4. Véase en IraqSolidaridad: Informe de la Misión de Ayuda Humanitaria de Naciones Unidas para Iraq. Aumenta el número de presos en Iraq hasta 38.000 personas y Nota Informativa de la CEOSI: Al menos 10 fallecidos en Samarra por carencias sanitarias como consecuencia del cerco militar. Más de 3.000 detenidos desde el inicio del nuevo plan de seguridad para Bagdad , y Nota Informativa de la CEOSI: Al menos cinco ciudades iraquíes están ya rodeadas por muros erigidos por los ocupantes. EEUU cercará con muros 10 distritos de Bagdad .
5. Más conocidos por sus siglas inglesas IED correspondientes a “Improvised explosive device”.
6. Véase en IraqSolidaridad: Kamil al-Mehaidi: La distribución geográfica de los campos petrolíferos y su gestión bajo ocupación. El futuro del petróleo iraquí.

lunes, junio 11, 2007

Muertos de amor: El libro de Lanata según Bustos y Jouvet

Ex guerrilleros se desconocen en el relato de Muertos de Amor


Por Luis E. Rodeiro


Muchas veces el periodismo tiene momentos azarosos, vientos que de repente soplan a favor. Esta nota lo es. El 25 de mayo pasado, el día de la patria, fui testigo de un encuentro muy particular. Después de casi veinticinco años se reencontraban el legendario Ciro Bustos, protagonista relevante en las dos experiencias del Che, la guerrilla de Salta y la de Bolivia, con Héctor Jouvet, partícipe de la primera de ellas. La última vez se habían encontrado en el exilio, que Bustos lo vivió –y de alguna manera lo vive en Suecia y Jouvet en Francia. Todo fue casual. Tenían poco tiempo disponible para mi curiosidad periodística. Opté por preguntarles, en función de sus profundas vivencias, si se sentían contenidos, expresados, el libro de Jorge Lanata, Muertos por amor, que personalmente me había dejado un gusto amargo. He aquí el testimonio.



Ese día patrio, junto a un amigo, nos habíamos llegado a la casa de Jouvet para visitar a su compañera de toda la vida que estaba enferma. Ignorábamos que ese mismo día, sin previo aviso, Ciro Bustos, prisionero político en Bolivia cuando murió el Che, había arribado a Córdoba para hacer una visita fugaz a sus antiguos compañeros. La razón de su viaje a Argentina fue ultimar los trámites editoriales para la publicación de su libro, una suerte de memoria de aquellas experiencias guerrilleras, que lo tuvieron como protagonista. Un libro que se tornará imprescindible de leer para los interesados en develar los pormenores de aquella historia, escrito con pasión y con dignidad. Lo puedo decir porque gracias al amigo Jouvet tuve acceso a un borrador de los originales. Aparecerá en agosto, que será el tiempo de su próxima visita.


Allí frente mío, uno al lado del otro, Bustos y Jouvet. No había ambiente propicio para una entrevista. La corriente del afecto por el reencuentro, que se extendía a la familia toda de Jouvet, dominaba la tarde. El visitante se mostraba emocionado. Venía, precisamente, de otro encuentro fuerte: la reunión amistosa con Oscar del Barco y Héctor Schmucler, los intelectuales reunidos en torno a la revista Pasado y Presente, que habían apoyado la experiencia guerrillera de Salta. “Sólo faltaba Pancho”, dijo Bustos, en referencia a José Aricó, fallecido en la plenitud de su pensamiento.

Bustos había regresado a la casa de Jouvet para retirar su bolso y partir a Buenos Aires. Había que jugarse, aun con ese clima no propicio para un diálogo formal. Ustedes aquí, les señalé, justo en el momento en que un libro de Jorge Lanata, Muertos de Amor, basado en la experiencia guerrillera salteña, ocupa los primeros puestos de venta en las librerías del país.

Jouvet, cuyas palabras son citadas profusamente en el texto- nos cuenta con desazón: “Mirá, cuando me habló para decirme que esta escribiendo una novela, un texto de ficción, una suerte de metáfora sobre la lucha armada en la Argentina, con eje en la experiencia salteña, le dije que yo no tenía ganas de volver a hablar sobre lo que ya expresé largamente en entrevistas recientes, que incluso habían sido el origen de una polémica muy provechosa. Me dice no, toda esa información la tengo, tanto las declaraciones tuyas como todo el proceso judicial. Un día vino a verme y estuvo 15 minutos conmigo. Hablamos de cosas muy generales”.

Con su ritmo pausado, Jouvet nos revela que después le hizo llegar un borrador que lamentablemente no leyó con detenimiento porque se concentró en una barbaridad histórica contra Masetti, el recordado Comandante Segundo, al frente del grupo guerrillero en espera del Che, adjudicándole con la frase “judíos de mierda”, una intencionalidad antisemita a los desgraciados fusilamientos. “Era realmente una mentira que me alteró. Cuando tuve el libro en mis manos me encontré sí que esa interpretación había sido eliminada, pero me sorprendió encontrar un texto con nombres propios, con palabras testimoniales sacadas del contexto en que fueron dichas y lo que es más grave con sus conclusiones que son elucubraciones personales pero que aparecen de tal manera que pueden ser adjudicadas a quienes nombra, entre ellos a mi mismo. Afirmaciones que en la mayoría de los casos no comparto. Y de esta manera, me siento como utilizado. Los testimonios pertenecen a la entrevistas con Daniel Ávalos para su libro La guerrilla del Che y Masetti en Salta y las que realice para la revista La Intemperie. Ninguna fue preguntada por Lanata. No hay ninguna investigación seria, necesaria aunque fuera una novela. Son palabras, las mías, que me costaron mucho decirlas y los agregados ficcionales de Lanata, deja abierta la posibilidad total que sea yo quien las piensa y las dice”.

Allí es el momento en que interviene Bustos, quien confiesa haber leído muy rápido, pero que le impresiona la forma en que el libro presenta al grupo que estaba en las montañas salteñas “como un rejunte de forajidos, que compiten y se odian entre sí, se desprecian, se destruyen, Y eso es no tener idea de lo que pasaba en el monte. Nada más extraño. Es todo lo contrario”.

“Es así, acota, Jouvet, aún con la sinrazón de los fusilamientos. Había un relación de ayuda, de solidaridad, más allá de ese episodio trágico. Hay momentos en el libro que son tremendos como cuando aparece que entre nosotros, de acuerdo a las jerarquías, le pegábamos a los subalternos patadas en el culo, mientras los insultábamos diciéndoles mariquitas, como quizás le puede decir un oficial a un recluta, pero que yo jamás escuche en el monte. Lamentablemente Lanata no sabe, ni ha investigado, el valor de la palabra compañero en tales instancias, aún con todas las `taradeses´ del militarismo que cargábamos”.

Bustos subraya el tema que es válido para la polémica literaria entre ficción, no ficción, novela histórica: No se trata –sostiene- de un libro de ficción, ya que cita palabras y personas que las pronunciaron, que están vivas, que no necesitan ser reinterpretadas, ni es tampoco una novela histórica porque es evidente que no existe una investigación real sobre los hechos cuya superficialidad deja abierta la posibilidad de la tergiversación histórica, ni tiene una contextualización del momento en que sucedieron. Y va más allá . "Es un libro meramente oportunista, cuyo único criterio es el comercial. Yo creo que se puede discutir las posiciones políticas, lo que se pensaba ideológicamente, pero lo que para mí no se puede hacer es hablar de lo que pasó hace 40 años, con la visión que podemos tener ahora, con los cambios que han sucedido sin interrupción, con el conocimiento actual... Si alguien hoy me propusiera algo similar a lo que hicimos 40 años atrás, no dudaría en decir rotundamente que no. Los tiempos son totalmente distintos. Por eso yo reivindico aquella opción, reivindico la opción por la lucha armada, en ese momento particular de la historia”.

“En definitiva nos presenta como un grupo de loquitos, concluye Jouvet, que fuimos al monte porque no teníamos nada que hacer y entonces competíamos y nos peleábamos entre nosotros. Por supuesto que hacemos una autocrítica y, en mi caso, han quedado planteadas sin tapujos, ya sea en la entrevista de Daniel Ávalos para su libro, como en la entrevista para la Revista La Intemperie”.

¿Libro de ficción, de no ficción, novela histórica? Tema para especialistas, Lo que sé es que los protagonistas de la historia real no se sienten contenidos en la historia literaria de Jorge Lanata.



Paradoja

El nombre de la novela de Jorge Lanata, Muertos de Amor, está entresacada de un poema de Alberto Szpunberg titulado precisamente egepé y que dice: “Abajo aquí sus huesos sus fusiles este atadito de hombres/ no sé la tierra cómo hace que se aguanta / los que avanzan sobre ella son las mejores noticias que nos llegan de ustedes / denle, muertos de amor, sostengan que nacemos”. El poeta dice que “el libro es una grosería, también que haya usado un verso de un poema mío”.