@DIN - Comentarios, entrevistas, reportajes: julio 17, 2005

sábado, julio 23, 2005

Restablecer la Soberanía Alimentaria y la Justicia Social



Por: Jorge Eduardo Rulli *

Editorial del Programa Horizonte Sur
Sábado 23 de Julio - Radio Nacional Argentina

Hemos leído en estos días, y en medio de los previsibles realineamientos preelectorales, algunas adhesiones al gobierno del doctor Kirchner que, entre otras razones sumamente válidas, se fundamentan en supuestos éxitos tales como que nuestra política exterior dejó de ser de relaciones carnales. Y al parecer es prueba de ello que la Argentina cambió el voto en el Comité de DDHH de las Naciones Unidas sobre Cuba.
Bien, hay un sector superficialmente progresista que pareciera creer que todo lo atinente a Cuba corta aguas entre lo que es bueno y lo que no lo es. Que la Argentina haya cambiado su voto sobre Cuba en el Comité de DDHH de la ONU puede ser importante para nosotros quizá, al menos para nuestra dignidad como país supuestamente soberano, pero no lo es necesariamente ni mayormente para Cuba, luego de más de cuarenta años de Revolución, en que los cubanos no han dependido precisamente de las resoluciones favorables o desfavorables de las UN sino en principio del apoyo del campo socialista y luego de sus propios recursos. Pero los progresistas y la izquierda “progresista” en general no parecen ir mucho más allá de las consignas antiimperialistas y conocen poco de la política exterior y de los desafíos que debe enfrentar un Gobierno que pretende una cierta autonomía. Por eso tenemos tantos ejemplos penosos como el que nos presenta hoy en día el gobierno uruguayo de Tabaré Vazquez que, a pocas semanas de ser Gobierno ha demostrado de modo palpable que no se propone modificar en absoluto la tradicional dependencia del Uruguay, sus ataduras internacionales y su rol de país proveedor de pulpa de papel para los países centrales y particularmente hacedor de los procesos industriales de la pasta de papel que, aquellos países evitan hacer en el propio territorio por la peligrosidad que implican para sus recursos y en especial para la propia población.

La política exterior de la Argentina es, desde hace muchísimos años, el corazón mismo de la política en la Argentina. En particular desde los años 90 y en especial desde la reforma constitucional del 94 en que los Convenios Internacionales tomaron decisivo predominio sobre las leyes locales y una enorme cantidad de tratados nos privaron de toda autonomía respecto a las relaciones jurídicas con las empresas, las patentes y regalías, la relación con los mercados y hasta con el diseño mismo del país, su ordenamiento territorial, y toda posibilidad de tener alguna estrategia que no sirva de modo funcional a las empresas transnacionales. Esta hazaña de transformar a un país en neocolonia de una manera casi irreversible y sin que la propia población lo advierta, fue obra del ministro Corach, de los funcionarios del INASE, de la CONABIA y de muchas otras áreas del Estado, pero también de los cuadros directivos de nuestra Cancillería que es donde reside la inteligencia antinacional por excelencia.
Porque si la política exterior de la Argentina es el corazón mismo de la política en la Argentina, el núcleo de Poder político que se esconde en la Cancillería es el corazón mismo del Poder oligárquico y transnacional en el país neocolonizado. Durante muchos años pensamos que Brasil tenía las características excepcionales de una Cancillería como Itamaratí que motoriza sus políticas nacionales. Nos equivocamos, nosotros también tenemos una Cancillería excepcional, aunque con una diferencia que no es menor, aquella sirve los proyectos de la burguesía paulista mientras que la nuestra sirve los intereses de las multinacionales y de los EEUU. Lo hemos comprobado en cantidad de encuentros internacionales y especialmente en los vinculados con el Convenio Internacional de Biodiversidad, Convenio que los EEUU no firmaron y donde por lo tanto no tienen la participación plena que sí tiene el resto de los países firmantes. Siempre eran los funcionarios argentinos quienes los representaban, quienes daban voz a la delegación norteamericana y quienes batallaban duramente por los intereses y las políticas de la gran potencia.
Lo volvimos a ver en Montreal en el 2002, cuando se firmó el Protocolo de Bioseguridad de Cartagena. La delegación argentina era la voz y la voluntad abierta de las empresas, la delegación que resistió en soledad hasta el último minuto dicho acuerdo, poniendo palos en la rueda y buscando negociaciones que hicieran confuso el texto y por lo tanto lo hicieran imposible de cumplir. Hoy, a tres años de aquel encuentro, cuando el Protocolo ya ha excedido la cantidad de países firmantes que requería se puesta en práctica y por lo tanto se encuentra en vigencia, aún la Argentina no lo ha refrendado y sigue sin cumplirlo en el espíritu y en la práctica. Hasta China, nuestro gran comprador de soja transgénica lo ha reconocido en plenitud, nosotros no. Nosotros nos negamos a certificar los productos transgénicos en el mercado nacional condenando a los consumidores argentinos a ingerir transgénicos sin elección, y tan sólo rotulamos los conteineres porque a eso nos obliga el Protocolo y de lo contrario no podríamos venderle nuestra soja al mundo.
Nosotros aún nos negamos a reconocer la diferencia entre una semilla transgénica y su par convencional, porque continuamos reconociendo de modo oficial el obsoleto y falto de todo respaldo jurídico criterio de la llamada equivalencia sustancial, una norma que equipara todo lo meramente parecido y que solo tiene vigencia en la Argentina y en algunos Estados de la Unión. Nosotros como país, desde nuestra cancillería, hemos demandado a finales del 2002 a la UE en los tribunales de la OMC junto a los EEUU y a Canadá, acusándola de poner trabas al libre comercio por limitar las plantaciones y comercializaciones de OGM en su territorio, y cuando en aquel entonces, conversamos sobre este tema con el Jefe de Gabinete, con el Secretario de DDHH y otros funcionarios, nos encontramos con sorpresa que las ignoraban absolutamente y tenían que referenciarse en sus subordinados de carrera para informarse por dónde iba nuestra política internacional.
Como GRR hemos presentado un expediente en Cancillería cuando el Embajador Ablin que alguna vez fuera del equipo de Ruchauf, cuando éste fuera canciller, escribiera en la contratapa de Clarín rural fundamentando que el modo de entrar de la Argentina en la guerra de Afganistán y en las otras que se preveían, era la de poner contra la pared a la Europa renuente a entrar en la guerra, presionándola con el gran tema de la Biotecnología. Y que ese acoso a la Europa de la seguridad alimentaria era nuestro aporte a las guerras de los EEUU. Lo denunciamos por peligroso traidor a la patria en un expediente que Martín Redrado y luego el Canciller Bielsa jamás nos respondiera. Entonces, creemos que nada ha cambiado en lo sustancial y que ese núcleo duro de poder enquistado en nuestra Cancillería permanece intacto, ahora fortalecido con los cuadros que dejara en puestos claves Martín Redrado cuando fuera trasladado al Banco Central y que ese núcleo de Poder condiciona de hecho muchísimas de nuestras políticas nacionales, subordinándolas a un pensamiento neocolonial, de énclave de monocultivos, de país laboratorio de OGM, de país jurídicamente dependiente y de políticas que ignoran y descreen de toda proyección de defensa del medio ambiente.

Sin embargo, pese a tantas dificultades, nosotros estamos peleando para cambiar este modelo de política exterior y a veces dando batallas que sorprendentemente ganamos. Y quiero hoy mencionar dos, en reconocimiento y en homenaje a nuestras compañeras del GRR Europa. La primera fue que nuestra presencia en el encuentro Five Years Freeze, el principal foro de la Gran Bretaña contra los transgénicos. Este encuentro reunió a las principales ONGs británicas ecologistas tales como GAIA, Greenpeace, Amigos de la Tierra y su objetivo era tratar el tema del forraje, sobre todo de la Soja. Se realizó a mediados de julio en Londres, y fue decisiva para instalar el tema de rol de nuestros países en la producción de forrajes. Aún con la presencia de Jan Martin Dros, el consultor holandés de la WWF, el Fondo para la Protección de la Naturaleza que con base en Suiza impulsa a nivel mundial las propuestas de Soja Responsable, nuestras compañeras lograron persuadir al conjunto de los presentes con razones y describiendo el horroroso e inevitable destino que se le depara al MERCOSUR con estas políticas globales. El encuentro terminó proponiéndose organizar una nueva alianza de ONG y movimientos Sociales en que los temas de la Soja se vinculen con los DDHH, así como con los derechos rurales y campesinos, con el Comercio justo y con producciones que aseguren sustentabilidad. Asimismo y es lo más importante, se comprometieron los presentes a iniciar campañas inmediatas contra los forrajes transgénicos, pero ahora y ese fue nuestro aporte decisivo, en la perspectiva de que los países de Europa se propongan producir sus propios piensos y liberen por lo tanto gradualmente a nuestros países de los actuales roles de republiquetas forrajeras. No es un triunfo más, ha sido un cambio de curso de los acontecimientos que en todas partes tenían a la propuesta de Soja sustentable y a los mercados certificados con forrajes orgánicos, como única meta posible de las organizaciones de la Sociedad Civil europea. Otra noticia importante fue la de informarnos en ese mismo encuentro que Greenpeace Inglaterra disponía desde el año anterior de un estudio de viabilidad de producción de forrajes locales como medida para bloquear la importación de piensos transgénicos, a la vez que para desarrollar propias pautas de Soberanía Alimentaria. Ello es aún más sorprendente si consideramos que en la misma época, Greenpeace Argentina estaba por lo contrario, profundizando su compromiso con las empresas de agronegocios en el Foro por los Cien Millones de Toneladas convocado por la Fundación Vida Silvestre para aumentar la exportación de granos para forrajes, o sea para aumentar y profundizar nuestra dependencia.

El otro gran triunfo que mencionaba se obtuvo en relación a la matanza de campesinos por sojeros brasileños en la zona de Caaguazú, territorio del Paraguay. Luego de intensa recolección de pruebas, incluyendo informes y testimonios fotográficos, nuestras compañeras del GRR Europa, en estrecha coordinación con el MCP, el Movimiento Campesino Paraguayo, y las compañeras de la CONAMURI, consiguieron que fuera aceptado por las UN en Ginebra la denuncia del crimen. La presentación sobre los acontecimientos de Tekojoja fue realizada oralmente este martes por el Sr. Tomas Condori de la organización CEA-CISSA (Comité Exterior de Apoyo al Consejo «Indio» de América del Sur), en la Comisión de Derechos de Pueblos Originarios de la ONU. Ahora nuestras compañeras se ocuparán de hacer el seguimiento de la denuncia y se está informando de este triunfo sobre la incomunicación y la impunidad de los Sojeros, a los diversos agrupamientos campesinos y de mujeres del hermano Pueblo del Paraguay.

Con esta primera denuncia se nos abren nuevos campos de acción, entrar en los organismos internacionales para denunciar las consecutivas violaciones de los derechos humanos que se están produciendo en todas partes como consecuencia del avance de la Agroindustria. Esta vez hemos denunciado el caso de Tekojoja, pero ahora podremos hacer llegar más denuncias tanto del Paraguay como de la Argentina. Es nuestro propósito el de lograr algún día a realizar presentaciones en común con otras organizaciones hermanas del MERCOSUR, que expongan a la industria de la soja y en especial a MONSANTO como principal responsable de tantos atropellos, crímenes y devastación de los ecosistemas.

Para terminar, queremos decir que no será fácil salir del ahogo actual que provocan los monocultivos transgénicos, ni será sencillo recuperar nuestros campos devastados y volverlos a poblar con familias rurales que se arraiguen a la tierra. Pero lo lograremos, estamos seguros que más tarde o más temprano lo lograremos, porque tenemos mucho tiempo por delante, porque tenemos hijos y jóvenes en los que sembramos la Conciencia Nacional y el amor por la tierra, porque cada día somos más y porque no habrá otro destino para nuestro país ni para la América del Sur si no restablecemos la Soberanía Alimentaria y la Justicia Social.


Del Grupo de Reflexión Rural.

viernes, julio 22, 2005

País adentro:

Cuestiones con la tierra

Dirigentes del MOCASE con su abogado, Luis Horacio Santucho.

Por Mempo Giardinelli *

En algunos viejos filmes de los años ’40
la cuestión de la tierra era objeto de conflictos, y prueba de ello son películas inolvidables como Viñas de ira (de John Ford, basada en la novela de John Steinbeck y con un inolvidable trabajo de Henry Fonda) o entre nosotros Prisioneros de la tierra, de Mario Soffici, o ya en los ’50 la memorable Las aguas bajan turbias, de Hugo del Carril.


Aunque aquellas impactantes versiones del realismo social hoy deberían parecer remotas, el presente argentino parece empecinarse en mostrar que no hay tal superación. En diversas zonas del país están siendo frecuentes los conflictos vinculados con la posesión y propiedad de la tierra.
Ya se han expuesto en la prensa nacional, reiteradamente, los intentos de desalojo a comunidades de campesinos en Santiago del Estero, en Tilcara (Jujuy) y más recientemente en la provincia de Córdoba. Y esta semana representantes de diversas organizaciones campesinas se reunieron con el ministro de la Corte Suprema de Justicia Eugenio Zaffaroni, para denunciar "la criminalización de la protesta campesina" y la discriminación que sufren. El magistrado no adelantó opinión alguna, pero lo impresionante es que la aparente desesperación de esos sectores —impulsados por un obvio descreimiento en las instituciones republicanas— los haya llevado a solicitar una reunión con un miembro de la Corte.
A la misma asistieron representantes de organizaciones campesinas de Misiones, Salta, Buenos Aires, San Juan, Mendoza, Córdoba, Santiago del Estero y Jujuy, acompañados por el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel. "Pudimos plantear la situación por la que atraviesan miles de campesinos en nuestro país como la falta de acceso a la tierra y al agua, y lo que es más grave, cómo se criminaliza la vida del campesino”, declaró después el abogado Hernán Prego, asesor del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MO.CA.SE).
A esos casos hay que sumar otros: en El Impenetrable chaqueño hay denuncias de que algunos nuevos grandes latifundios están cercando los pozos de agua potable que históricamente abastecieron a los pobladores originarios. Y como ya se dijo en esta página, también existen denuncias del presunto proceder de gerentes de bancos y agentes impositivos que tramarían “aprietes” que derivan luego en remates amañados.
Por si todavía faltaran conflictos con la tierra, esta misma semana se conoció la extrañísima decisión de los concejales de la localidad de Corcovado (Chubut) que aprobaron la venta de tierras fiscales al irrisorio valor de 185 pesos la hectárea. De 7 concejales, 6 votaron la venta de dos campos ubicados junto al río que lleva el nombre del pueblo, de bellísimo paisaje y refugio de pescadores cuyo valor real —según dijo el intendente Daniel Toledo al diario Clarín— en sitios similares no es menor a 20.000 dólares la hectárea. Lo cierto es que el intendente vetó la ordenanza, pero el Concejo cuenta con votos suficientes para insistir. Esto forzó la intervención del gobierno de Mario Das Neves, que ordenó a la Fiscalía de Estado constituirse en la localidad. Pero la provincia no tendría facultades para el manejo de tierras fiscales municipales y en tal caso Corcovado perdería esos terrenos.
Otros conflictos vinculados a la tierra produjeron ya verdaderas puebladas como las de Esquel (Chubut) y hace poco Andalgalá (Catamarca) donde la resistencia a empresas mineras que quieren extraer oro utilizando cianuro ha tensionado peligrosamente la tradicional calma provinciana.

Como se advierte, en casi todos los casos el problema es que ante la falta de soluciones políticas desde los ejecutivos o legislaturas locales, los campesinos o pobladores salen a protestar, y entonces, casi inexorablemente, se los criminaliza. En muchos casos, además, estos movimientos sostienen que la tierra no es sólo un bien económico, sino también social, ecológico, cultural y hasta religioso.
Uno de los principales problemas del campesinado es la tenencia precaria, ya sea de tierras fiscales o privadas. En muchos casos son antiguos pobladores que no tienen escrituras y ante los que un día se presentan terceros —individuos o corporaciones— que sí las tienen. La legislación argentina reconoce el derecho a la propiedad de la tierra cuando se ha ejercido posesión pacífica y continua por más de 20 años, trabajándola para el sustento y haciendo mejoras: cercos, represas, pozos, etc. Pero a pesar de que tal derecho existe, la mayoría de esos ocupantes no tiene ni tuvo, por generaciones, ni la información ni los medios económicos necesarios para hacerlos valer.
La cuestión, como se aprecia, amenaza actualizar conflictos que la literatura y el cine testimoniaron hace décadas y parecían cosa del pasado. Urge que desde la racionalidad y el buen sentido se resuelvan estos asuntos antes de que sea tarde y se produzcan, inesperadamente, nuevos y dramáticos frentes de tormenta. •


* Revista Debate, Opinario, Nº 123.

miércoles, julio 20, 2005

Las doce líneas del editor

Naturaleza

Al preguntársele qué aspiraba a que dijesen de él después de su muerte, Lincoln respondió: "Ojalá dijeran que al pasar por el jardín de mi prójimo y ver allí un cardo lo arrancaba para poner en su lugar una rosa". Ernesto Sábato, en cierto pasaje de su libro Sobre Héroes y Tumbas, critica un cielo. Bajo criterios plásticos rigurosos desecha su composición, tachándola de cursi.
Observando estas dos afirmaciones de la soberbia humana tenemos alguna pista acerca de los grandes desatinos que han asolado a nuestra pobre Tierra desde que el homo sapiens la holló por primera vez.
¿Por qué habríamos de juzgar al cardo inferior a la rosa? ¿No son acaso ambos creación de Dios? De allí a determinar que los esquimales son inferiores a los normandos hay sólo una cuestión de proporciones.
Pues, ¿no es acaso esta perniciosa tara de pretender dictaminar acerca de lo que es bueno o malo por nuestras pautas culturales o estéticas, lo que lleva por evolución lógica hacia la xenofobia?
En un Universo tan gigantesco y maravilloso, donde no alcanzan, no digamos la ciencia: ni siquiera nuestra imaginación para vislumbrar aunque sea una parte de sus misterios, el único camino para la paz está en llegar a comprender que no tenemos derecho a destruir absolutamente nada de lo que la naturaleza ha creado.

Julio Carreras (h)

martes, julio 19, 2005

Irán en la mira de la voracidad de Estados Unidos

Por Marcelo Colussi*

Foto: Agencia IRNA

El modelo de sociedad que generó el desarrollo del capitalismo en Estados Unidos de América es voraz, alta e irresponsablemente voraz. Con una población que ronda los 300 millones (el 4.8 % de la población planetaria), esta sociedad consume aproximadamente el 25 % de la producción total del mundo. La idea que signa la dinámica cultural de toda esta construcción social es 'consumir'. Todo allí es un desenfrenado consumo, irracional, absurdo. El éxito, la felicidad, el bien supremo es el consumo.

Su hambre de energía es igualmente insaciable; su principal fuente energética es el petróleo. Presentado reservas propias muy escasas y camino a su agotamiento, el país consume una cuarta parte del petróleo que actualmente se extrae en todo el planeta. En estos momentos Estados Unidos importa el 53 % de sus necesidades en este rubro esperándose que la cifra aumente al
68 % en el 2025, lo que significará elevar el consumo de crudo importado al doble del actual. En tal sentido la administración republicana hoy en el poder no ha tenido reparos en calificar esta dependencia de 'amenaza a la seguridad nacional'. 'Si seguimos el curso actual, de aquí a 20 años
Estados Unidos importará casi dos de cada tres barriles de petróleo, y dependerá cada vez más de potencias extranjeras que no siempre toman en cuenta los intereses estadounidenses', declaró muy campante el presidente Bush.
El petróleo es crucial para su economía por ser la fuente del 40 % de su abastecimiento energético además de proporcionar la casi totalidad del combustible del transporte del país. Juega, igualmente, un papel vital en la seguridad nacional, en tanto que es el propulsor de las formaciones de tanques, aviones, helicópteros y embarcaciones, columna vertebral de la maquinaria de guerra estadounidense. Dicho en otros términos: el papel hegemónico desempeñado por Estados Unidos en el mundo del siglo XXI como potencia económica y militar, en muy buena medida está en dependencia del petróleo.
Petróleo que cada vez se le hace más escaso, que no tiene.
Como para que no queden dudas al respecto, en septiembre del 2000 y en el marco de la ulraconservadora Fundación 'Proyecto para el Nuevo Siglo Americano' (Project for the New American Century) -think tank que llevó al partido republicano al poder y es su fuente inspiradora-, algunos ideólogos como Dick Cheney (actual vicepresidente) o Donald Rumsfeld (hoy secretario
de Defensa) decían sin ambages: 'Hoy el objetivo es asegurar y expandir las zonas democráticas; evitar la aparición de un nuevo poder competidor y preservar un favorable equilibrio de poder en Europa, Oriente Medio y en la región productora de petróleo circundante. Ahora Estados Unidos no tiene ningún rival global. La estrategia de Estados Unidos debe centrarse en la
preservación y extensión de su ventajosa posición en el futuro'.
De forma manifiesta, sin la más mínima vergüenza, los halcones que manejan los destinos de la Casa Blanca -representantes, por cierto, de una oligarquía fastuosa pero también, digámoslo claramente, de una población que no está dispuesta a perder sus actuales niveles de hiper consumo- tienen como prioridad nacional seguir manteniendo el papel de super potencia del país,
'su ventajosa posición' en el concierto internacional. Si aparecen 'potencias extranjeras que no toman en cuenta los intereses estadounidenses' -y más aún en lo concerniente al oro negro, corazón último del confort de esta sociedad- se constituyen de inmediato en enemigos.

En la República Islámica de Irán (la vieja y legendaria Persia), uno de los principales productores mundiales de crudo en la actualidad, con reservas probadas de un 11.4 % de la disponibilidad total que lo convierte en la segunda reserva petrolera planetaria por detrás de Venezuela, acaban de realizarse elecciones. Luego de la primera vuelta electoral, Washington daba
por descontado que el ganador sería el clérigo moderado Ali Akbar Hashemi Rafsanjani.
Es sintomático que ni bien se conoció el nombre del presidente electo, el hasta ahora alcalde de Teherán Mahmoud Ahmadinejad, un desconocido en la arena política internacional, la maquinaria mediática estadounidense y en alguna medida la europea, pusieran el grito en el cielo. Donald Rumsfeld declaró ante Fox News: 'No sé mucho sobre él... pero sé que no es amigo de la democracia'. Se habló de fraude electoral, y los epítetos descalificadores no se hicieron esperar: 'fundamentalista islámico', 'ultraconservador', 'proceso de talibanización en ciernes'. Se dijo, incluso, que el candidato ganador formó parte de la histórica toma de la Embajada de Estados Unidos en Teherán en el año 1979, en plena Revolución Islámica. Llamativo,
¿verdad?

¿Un nuevo Hugo Chávez?

Es prematuro aún abrir escenarios sobre el futuro desempeño de Mahmoud Ahmadinejad en la presidencia. Pero sus primeras declaraciones una vez electo, en todo caso lejos de un llamado a la pretendida ortodoxia islámica e intolerancia fundamentalista adelantadas por la prensa occidental, se encaminaron a la moderación. Lo cual demuestra, seguramente, que hay allí ya un
montaje mediático desde las cadenas occidentales para preparar un terreno, para ir creando opinión: ¿un nuevo Bin Laden? No es esto lo que se ha dicho explícitamente, pero la manipulación semántica no puede hacer pensar menos que en ello. 'La guerra llegó a nuestras orillas el 11 de septiembre de 2001. Los terroristas que nos atacaron, y a los que nos enfrentamos ahora,
asesinan en nombre de una ideología totalitaria que odia la libertad y rechaza la tolerancia, y que trata de implantar la tiranía y la opresión' acaba de declarar el presidente George Bush ante 750 militares de alto rango refiriéndose al contexto iraquí. No estaba hablando de Irán, pero sí de los 'fundamentalistas'.
Seguramente Washington esperaba un nuevo presidente dócil a sus designios, en la línea de lo que viene sucediendo (¿casualmente?) en algunas de las ex repúblicas soviéticas: Georgia, Ucrania, Kirguiztán. Las señales de alarma que puede haber encendido la elección de Ahmadinejad entre los halcones republicanos pueden ser similares, salvando las distancias, a las que despierta Hugo Chávez en Venezuela con la Revolución Bolivariana. Por lo pronto, el alcalde de Teherán ganó el proceso eleccionario con el voto de los sectores más pobres de la sociedad iraní. Y para priorizarlos con políticas específicas, dijo, será su futuro gobierno.
Por otro lado, sus primeras declaraciones en materia petrolera se dirigen a priorizar las empresas nacionales por sobre las extranjeras y a fomentar una política de transparencia, aludiendo así al clan Rafsanjani, el esperado ganador para la Casa Blanca, sobre el que pesan denuncias de corrupción y enriquecimiento ilícito en el manejo de este recurso (de hecho, un hijo
del candidato ejerció un poder discrecional dentro del Ministerio de Petróleo dando lugar a una probada malversación en provecho familiar).
En términos de política externa el mandatario electo, si bien no se promulgó desafiante como lo hiciera años atrás el fundador de la Revolución Islámica, el Ayatollah Ruhollah Khomeini, expresó claramente que Irán no se doblegará ante las demandas imperiales de Washington.
Por último, el programa atómico mantenido hasta ahora por los ulemas iraníes, ha sido materia de cautela por parte de las políticas que implementa el gobierno de Estados Unidos. Si todavía no ha atacado militarmente a esta fenomenal reserva de petróleo que es Irán, en parte se debe a la capacidad nuclear de Teherán. Al respecto, el electo Ahmadinejad no ha dado señales (¿por qué habría de darlas?) de retroceder en lo avanzado por su país estos años.
En conclusión: si bien no hay demasiados elementos para poder precisar qué sucederá en el futuro inmediato en la República Islámica de Irán, la llegada de una propuesta que no se doblega ante Washington, como mínimo, debe ser bien recibida. La historia dirá si efectivamente estamos ante un reaccionario fundamentalista, un retrógrado teocrático, o si la elección popular no se equivocó. En la lógica guevarista (en términos políticos, claro está, no militares) de 'crear dos, tres, muchos Vietnam' para enfrentar la supremacía insolente de Estados Unidos como potencia unipolar, bienvenida sea toda opción antiimperialista.

* Marcelo Colussi. Psicólogo y licenciado en filosofía. Italo-argentino, desde hace 15 años vive y trabaja en el ámbito de los derechos humanos en Centroamérica. Ensayista y escritor, ha publicado en el campo de las ciencias sociales y en la narrativa. ArgenPress/El Grano de Arena

lunes, julio 18, 2005

Ser o no ser


Foto: Indymedia Argentina y Centro de Estudiantes de Arte Fotográfico de Avellaneda


Por: Susana Merino *

La Argentina se halla frente a uno de los desafíos más importantes de su historia. Nunca como ahora ha sido tan profundo su deterioro ni sus perspectivas tan oscuras. La sociedad como jamás antes ha tomado conciencia de hallarse definitivamente al borde de un abismo del que, de caer, le será imposible levantarse sin que transcurran no una sino varias generaciones.

No se trata de una visión apocalíptica sino de una comprobación cotidiana que cada día nos acerca más aceleradamente hacia el “no ser”. “ No ser” un país soberano, “no ser” una sociedad medianamente organizada, “no ser” un estado digno del imprescindible respeto de sus ciudadanos ni de sus pares en el mundo, “no ser” una comunidad sólidamente edificada sobre tramas laborales, legales, económicas y sociales que le garanticen su estabilidad como nación.
Cunden las amenazas de desmembrar nuestro territorio, de apropiarse de nuestros recursos naturales, de avanzar sobre nuestra Constitución y nuestras leyes, largamente bastardeadas por propios y extraños, de establecer cabeceras de puente militares en el país. Funcionarios imperiales y miembros de organismos internacionales se arrogan el derecho de humillarnos impunemente sin que nuestras autoridades ni nuestros políticos esbocen la menor reacción ni acusen el más mínimo impacto ante sus inaceptables injurias.
Y no se trata solo de amenazas. El capitalismo internacional ya ha logrado adueñarse por una parte, de nuestro petróleo, de nuestra energía, de nuestros servicios públicos, está a un paso de hacer lo mismo con la totalidad de nuestro sistema bancario y por dicho intermedio de las tierras más fecundas de nuestra patria y por otra ha penetrado sistemáticamente en nuestra propia cultura sembrando desasosiego y desesperanza y debilitando cada vez más si cabe nuestra capacidad de resistencia para lograr con el menor esfuerzo posible sus arteros designios.
Sin embargo hay signos evidentes de que la sociedad comienza a despertar de su inercia, del prolongado letargo a que ha venido siendo sometida durante más de una década a través de consignas maliciosas y de promesas incumplidas: que “estamos en el primer mundo”, que “con la democracia se come, se cura, se educa”, mientras se ocupaban de robarnos cada día un poco más de democracia, que “un peso vale un dólar” y nos transformábamos en obnubilados consumidores de productos importados mientras se desmoronaban nuestra industria y nuestras fuentes de trabajo. ¡Cuánta ceguera! Pero mucho más ¡cuánta traición, cuánta felonía, cuánta inmoralidad disfrazada de política!
Pero esta sociedad que busca a tientas la salida necesita el hilo conductor que le permita sortear las mil y una dificultades que la acechan. Y mientras tanto se repiten ideas agotadas, se dilapidan esfuerzos, se reiteran esquemas perimidos y se pretende rescatar teorías que ya no responden a nuestra época. Algunas organizaciones políticas tradicionales tozudamente insisten en imponer una visión excluyente y solitaria sin comprender que no son las dueñas de la verdad absoluta y que solo en la pluralidad, en la búsqueda de consenso, en el diálogo múltiple y fecundo será posible encontrar nuevas y creativas formas de convivencia para desde allí construir una unidad lo suficientemente sólida como para permitirnos hacerle frente al poderoso enemigo que tentacularmente nos sofoca.

Nuestra dirigencia o está voluntariamente subordinada a intereses espurios o está encerrada en su propia y anquilosada burbuja de cristal desde donde percibe una realidad distorsionada o imaginaria. ¿Cuántos políticos han prestado atención al surgimiento de experiencias tan valiosas como las de las cooperativas de trabajadores al rescate y puesta en marcha de sus fuentes laborales? ¿Cuántos están buscando restablecer el diálogo con sus mandantes? ¿Cuántos están impulsando consultas ciudadanas que les permitan nutrir de realidades su propio y vetusto imaginario? ¿Cuántos están honestamente convencidos de que los ciudadanos deben ser escuchados y respetados sus intereses? ¿Cuántos son capaces de descubrir junto a sus pares lo que los une y postergar lo que los separa?
La sociedad está ávida de líderes en quienes confiar. De líderes capaces de restituirle la confianza y la credibilidad perdidas. El estado asambleario asumido por muchos ciudadanos solo permite ir resolviendo problemas de pequeñísima escala. El país necesita una conducción que la interprete y que fije las pautas de mediano y largo plazo que le posibilite ir recuperando gradualmente el soberano manejo de su propio destino.
Estamos no solo a la deriva sino a merced de una horda de bucaneros que al mejor estilo de siglos que creíamos superados espera el momento más oportuno para apoderarse definitivamente de nuestro debilitado bajel. ¿Quién será capaz de empuñar el timón y desafiando vientos y tempestades eludir el cerco que nos han trazado?
¿Habremos perdido definitivamente el rumbo o será la hora de la inflexión y del cambio que abreven en la audacia, la decisión, la convicción y porqué no, el patriotismo que nos permitan recuperar nuestro futuro?
Rescatemos la política y pongámosla en manos de su verdadero, auténtico dueño, el pueblo argentino y que quienes pretendan ser sus intérpretes sepan de una vez y para siempre que solo a él deberán rendirle cuentas de sus actos y que por sus actos serán juzgados. Y dejémonos de aceptar mentiras, de falsas promesas que cuanto más aderezadas vienen con arrullos populares más astutamente esconden el estilete de la traición. ¡No sigamos dejándonos engañar! La gravedad de la hora nos exige permanecer en vigilia y estar atentos a la reiteración de los viejos ardides.

* Editora de "El Grano de Arena", boletín de ATTAC Internacional.

domingo, julio 17, 2005

Panorama desde el Norte: Vida cotidiana con sordera, perplejidad y miedo


Foto: Steve Simon

Por Mempo Giardinelli *

Los pocos argentinos que andan por aquí (esta página se escribe desde Vermont, Estados Unidos), no dejan de comentar el precioso espectáculo del Empire State iluminado con los colores de nuestra bandera celeste y blanca por tres noches seguidas. El simbólico edificio se mostró bellísimo ahora que, por primera vez, Nueva York celebró nuestra Independencia como lo hace con las de muchas otras comunidades de inmigrantes. Esto le apuntó, de paso, un poroto más a la austera pero eficaz gestión consular de Héctor Timerman.

Pero lo más impactante que se aprecia aquí es la sordera del poder: esa especie de autismo fundamentalista en el que parece vivir la administración Bush, pero que, bien mirado, sólo encubre el ascenso y consolidación de un autoritarismo hasta ahora sin frenos.
Éste me parece, hoy, el gran tema de este gran país: el enorme cambio que ha producido en esta sociedad el horror desatado por el terrorismo hace cuatro años, y que ahora, en estos días, reproducen las repudiables bombas en Londres, que dejan otro tendal de muertos y heridos inocentes. Muchos norteamericanos inteligentes y agudos piensan y explican, aunque en voz baja, que el mayor y más peligroso fenómeno contemporáneo es que terroristas y algunos estadistas se igualan en sordera.
Desde que terminó la Guerra Fría y Europa comenzó a domesticarse -con la acaso única excepción de Francia (hasta ahora)- el mundo cambió radicalmente y a eso todos lo sabemos. Pero lo que no se sabe, al menos en nuestro país, es que los Estados Unidos, forzando mutaciones en la geopolítica mundial, también han cambiado muchísimo. Y de una manera que tiene a la mitad de esta nación perpleja y asustada.

Son notables los cambios en la vida cotidiana estadounidense. En los últimos 20 años he visitado este país muchísimas veces, y he aprendido a conocerlo y amarlo en sus mejores expresiones y personas. Son ellos mismos los que ahora señalan, alarmados, cómo aquel espíritu liberal y
emprendedor hoy parece, por lo menos, trastabillar. Hoy no es nada raro encontrar académicos y estudiantes en posiciones rígidas, estrechos, muchas veces falsos en su obsesión por ser “políticamente correctos”.
Cierto que toda generalización es riesgosa, pero a mi observación añado testimonios de amigos y amigas, gente tradicionalmente abierta y crítica que hoy calla o confiesa sentir temor. Lo que se comprende, porque están pasando cosas alarmantes. Como una ley reciente que obliga a que todas las bibliotecas deban brindar -si las autoridades lo requieren- informes completos sobre los libros y revistas que ha sacado y leído cada uno de sus lectores.
En algunos condados rurales del Medio Oeste (Kansas) algunas comunidades ultraconservadoras votaron que en sus escuelas no se enseñe más ninguna forma de “evolucionismo” y sólo se inculce un “creacionismo” primitivo y anticientífico. Y nadie, pero nadie, apuesta a que la cercana elección de dos nuevos magistrados en la Corte Suprema de Justicia no recaiga en figuras de ultraderecha.

Hoy Watergate no sería posible. En las últimas semanas una periodista de la revista Time acabó en la cárcel por no revelar sus fuentes. Esto dio por tierra con una ejemplar tradición de libertad de prensa y es un retroceso que espanta a casi todos y -dicen algunos- también “a muchos que no lo dicen, pero lo piensan”.
Hay que sumar aún el descomunal desarrollo militar norteamericano que en cierto modo ha militarizado la vida cotidiana. Según el Base Structure Report de 2005, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos “es uno de los más grandes terratenientes del mundo, con más de 571.900 instalaciones distribuidas en 3740 sitios, cubriendo 30 millones de acres". Con casi un millón y medio de soldados activos, los Estados Unidos tienen hoy unos 400.000 fuera de sus fronteras. El total de bases en el exterior pasó de 702 en 2003 a 770 en 2005 y en más de 40 países. Y el presupuesto de gastos militares para 2006 será de 542 mil millones de dólares, cantidad que equivale a la suma de todos los presupuestos de defensa de todos los países del resto del mundo.
Y además, como bien señaló hace unos días el distinguido colega de esta revista * Juan Gabriel Tokatlián, en un impresionante artículo en el diario La Nación (de donde se tomaron los datos anteriores) hay aquí más de 10.000 cabezas nucleares y una reciente encuesta Gallup reveló que el 27% de los estadounidenses aprueba ataques nucleares contra dispositivos terroristas.
Según Tokatlián, es una “estrategia de primacía” en política exterior: “Washington no tolera ni tolerará ningún competidor, sea éste un aliado tradicional (la Unión Europea) o un potencial adversario (por ejemplo, China)”.
Todo esto asusta. Y aquí uno puede palparlo: cuando la mitad de una nación está perpleja y asustada, es que el autoritarismo está empezando a reinar. •


* Revista Debate, Nº 122.