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martes, julio 12, 2005

Estados Unidos a la defensiva: avanzan los chinos



Los estadounidenses entran en el pánico asiático: luego de la compra de algunas de sus mayores empresas por los japoneses, durante los 80, lo chinos continúan con su ola de avances. El periodismo más paranoico dice que con la compra de la petrolera Unocal, China pretende lograr hegemonía absoluta en el rubro energético.

En los 80, Estados Unidos se convirtió en el paraíso de los inversores extranjeros. Sobre todo de los japoneses que, además, estaban inundando EEUU con sus productos. Especialmente en el sector de las automotrices y la electrónica de consumo.
Las empresas niponas compraron los estudios de cine Columbia y Universal, la discográfica CBS, el Rockefeller Center en Nueva York y todos los campos de golf de California. Y lo hicieron a lo grande. Cuando en 1986 Mitusi compró el Edificio Exxon en Manhattan, pagó un sobreprecio de 260 millones de dólares respecto a lo que había pedido la petrolera estadounidense -un 71% más-... para poder entrar en el Libro Guinnes de los Récords...
Actualmente el enemigo económico de los EEUU es China. El campo de batalla, la petrolera Unocal. En principio, Unocal iba a ser comprada por Chevron, uno de los mayores grupos energéticos del mundo, por 16.400 millones de dólares (13.700 millones de euros) en metálico y acciones. Hasta que, el 23 de junio, la empresa china, parcialmente estatal, CNOOC (China National Offshore Oil Company) lanzó una contraoferta por 18.500 millones de dólares (15.400 millones de euros), toda en efectivo. Y ahí estalló una guerra que, más que con la "lógica empresarial", tiene relación con los planes estratégicos chinos y estadounidenses.
La eventual compra de Unocal por CNOOC ha desatado las peores pesadillas de EEUU, sobre todo en un momento en el que una de las revistas más prestigiosas del país, The Atlantic Monthly (que tiene casi medio millón de ejemplares de tirada) tituló su número de junio con un escalofriante «Cómo será la guerra contra China». Los críticos de la operación dicen que, si CNOOC compra Unocal, podrá controlar el mercado petrolero estadounidense y mundial. Unocal es en realidad una empresa relativamente pequeña, que apenas produce 57.000 barriles de petróleo diarios -0,7% de la extracción de crudo en EEUU, 0,28% del consumo del país y el 0,06% de la producción mundial-. Pero se teme que esta sea sólo una cabeza de puente para el aterrizaje que inmensas inversiones chinas puedan llevarla a convertirse en la rectora del petróleo mundial.
Chrevron, por otra parte, afirma que la oferta de CNOOC está subsidiada en al menos un 15% por el Estado, y ha pedido a la Administración que lleve el caso ante la Organización Mundial del Comercio (OMC). De hecho, en el sector se cree que la oferta de Chevron es excesiva y la de CNOOC una locura, similar a los sobreprecios que pagaban los japoneses en los 80.
Nadie se quejó en EEUU cuando British Petroleum compró las petroleras Arco y Amoco, mucho mayores que Unocal. Pero lo que sí muestra es que la controversia es una maldición de Unocal, una empresa especializada en meterse en escándalos haga lo que haga, y que ha llegado a ser denunciada -precisamente junto con Chevron- por situar presuntamente sus instalaciones más contaminantes en barrios negros y latinos.

La oscura saga de Unocal

Aunque eso no es nada comparado con sus operaciones internacionales. Unocal está especializada en realizar negocios en países "con riesgo político alto". Eso, en la práctica, supone dictaduras o países en guerra. De hecho, su impopularidad fue tal que, a finales de los 90, llegó a considerar la perspectiva de renunciar a su nacionalidad estadounidense y trasladar sus oficinas y su sede social a otro país, probablemente un paraíso fiscal.
La lluvia de críticas se debía a que, en la década pasada, Unocal se convirtió en el apoyo de dos de las dictaduras consideradas como las más feroces del mundo: los talibán afganos y la junta militar que gobierna Myammar, la antigua Birmania. En este segundo país, Unocal es, junto con la francesa Total, uno de los socios del gasoducto de Yadana, una obra faraónica no tanto por sus dimensiones como por los métodos empleados para construirla. Según las organizaciones defensoras de los derechos humanos, el ejército de Myammar ha tomado literalmente como esclavos a los habitantes de las zonas que atraviesa la tubería y les ha obligado a trabajar en su construcción. Eso ha provocado denuncias contra Unocal en EEUU, que desaparecerían si China -que tiene a Myammar como un virtual protectorado- se hace con el control de Unocal a través de CNOOC.
En Afganistán, Unocal jugó un papel decisivo en la llegada de los talibán al poder, dado que la empresa quería construir el famoso gasoducto que permitiera exportar el gas natural de Turkmenistán hasta Pakistán y posteriormente a la India.
Entre 1996 y 1999, los directivos de Unocal viajaron constantemente a Afganistán, donde se cruzaron en ocasiones con un exiliado saudí llamado Osama bin Laden. Llevaron a sus sedes en Texas y California a líderes talibán que, según sus chistes entre ejecutivos "se quedaban fascinados, por los árbolitos de Navidad estadounidenses". Durante aquella luna de miel entre estadounidenses y talibanes se convirtió en signo de exótica distinción entre empresarios tener a un fundamentalista afgano como invitado a cenar. Unocal subsidió a los talibán y contrató un ejército de lobbistas, incluyendo a Hamid Karzai, actual presidente afgano y simpatizante, entonces, de los integristas.
Esas polémicas han pasado a la historia por ahora, debido al tanteo chino. El próximo 10 de agosto, sus accionistas deberán decidir si aceptan la propuesta de Chrevron, o entregan la empresa, siguiendo la ley del mercado, a los mejores precios ofrecidos por los chinos. @DIN