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jueves, julio 28, 2005

Telesur: ¿Un tigre de papel en el aire?



Por Mempo Giardinelli *

Más bien con silencio e indiferencia, esta semana la prensa argentina dio leve cuenta del inicio de las transmisiones de Telesur, el canal continental promovido desde Venezuela por el presidente Hugo Chávez y cuya señal circula desde el pasado domingo 24.

Autodefinido como "una alternativa al discurso único de las grandes cadenas informativas", el emprendimiento fue recibido por la mayoría de los medios latinoamericanos con variada batería de dudas y prejuicios. Rápidamente se lo calificó de "polémico", se lo acusó de irritar a Colombia, de ser "complaciente con Cuba" y de adoptar una supuesta "postura antinorteamericana".
Del otro lado su titular, el ministro de Información venezolano Andrés Izarra, idealizó: ''Es una herramienta de seducción de nuestros pueblos, para que se enamoren de la idea de la integración, para vernos, reconocernos, y recuperar la historia que en el camino hemos perdido o que nos han borrado''.
Como fuere, Telesur —cuya principal fuente de financiamiento es el gobierno chavista— tiene como socios a los gobiernos de Argentina, Cuba, Brasil y Uruguay, los que han contribuido con material cinematográfico y documentales, además de infraestructura y corresponsalías en las respectivas capitales.
Con la dirección del uruguayo Aram Aharonian, al parecer la programación inicial será de sólo cuatro horas, para llegar progresivamente a las 24 diarias, e incluye espacios noticiosos, documentales y filmes que reflejan la diversa cultura regional. Entre las señales de prueba (iniciadas en mayo pasado) se incluyeron programas del Canal 7 argentino, como "Vida y vuelta" y "Kilómetro a kilómetro", además de los recitales de música en la Casa Rosada que todos los meses organiza el vocero presidencial Miguel Núñez.
La señal de este canal es transmitida por el satélite NNS 806 (el que usa Canal 7 y opera la firma holandesa New Skies), lo que permite bajarla en Europa Occidental, las tres Américas, el Caribe y el norte de África. Se trata de una señal abierta, no codificada, que simplifica su reproducción sin costo alguno. La retransmisión está a cargo de emisoras de la Argentina, Bolivia, Colombia y Uruguay, además de una red de televisoras comunitarias de Brasil y, por supuesto, en Venezuela a través de su red de televisión por cable, que incluye a DirecTV, el mayor proveedor de servicios de televisión por satélite.

En realidad, y desde el punto de vista meramente informativo, el objetivo sería irreprochable: hoy los conflictos en Bolivia, por caso, son narrados por la CNN o la Televisión Española, cuando sería más atinado, y lógico, que se narrara con ojos de nuestra región. Pero qué duda cabe de que el hecho de que la sede central de Telesur sea Caracas pone los pelos de punta a más de uno.
Por ahora hay más ruidos que nueces, pero los prejuicios son enormes y, acaso, ésa sea la primera batalla a librar por Telesur. En la Argentina, por ejemplo, ya hace un mes el diario La Nación (en su edición del 20 de Junio, tituló: "Chávez, Fidel Castro y Kirchner, dispuestos a dar pelea a la CNN". La reducción ideológica estaba cantada, desde luego, y aunque por el momento Telesur es sólo un tigre de papel, el futuro puede ser muy difícil porque ya la Cámara de Representantes de los Estados Unidos aprobó la propuesta del congresista republicano Connie Mack, del estado de Florida, de "financiar transmisiones de radio y televisión dirigidas hacia Venezuela" para garantizar "información precisa y objetiva que contrarreste el anti-americanismo" de Telesur. La respuesta de Hugo Chávez fue —fiel a su estilo— contundente: prometió detener cualquier señal dirigida hacia Venezuela y se predispuso a una "guerra electrónica".
Aunque creada para "dar a Sudamérica una voz independiente" y ser alternativa a la CNN, lo cierto es que los televidentes sudamericanos aún no pueden acceder masivamente a la señal de Telesur. Y tampoco es pequeño dato recordar que precisamente Chávez, Castro y Kirchner han recibido —de diversos modos, claro está— duras críticas por supuestos condicionamientos a la prensa en sus respectivos países.
Entre nosotros, el secretario de Medios Enrique Albistur designó hace un mes a Ana de Skalon (gerente de contenidos de Canal 7 y esposa del diputado nacional Miguel Bonasso) como representante ante el directorio. Y precisamente de eso ha de tratarse: Telesur, como cualquier otro canal, se definirá por los contenidos de lo que haga. Porque con sólo las figuras y los discursos de Chávez, Fidel, Kirchner, Tabaré o Lula no va a alcanzar. Toda propuesta crece cuando gana nuevos adeptos, no cuando se apoya en los incondicionales.
Ya se sabe que las buenas intenciones siempre pretenden el cielo. El desafío para este emprendimiento será, ahora, lograr que el aire se pueble de buenos programas, mejores contenidos y una verdadera, absoluta e irrestricta libertad de expresión.


* Revista Debate, Nº 124, Jueves 28 de Julio de 2005.