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miércoles, septiembre 21, 2005

Que la muerte no nos gobierne


El vocero de los comuneros opositores a La Parota, Marco Antonio Suástegui, acompaña a Eugenia Galeana, esposa de Tomás Cruz Zamora, en el Hospital General de Acapulco. Foto: Karina Tejada, El Sur.

Por: Julio Carreras (h)

Dos campesinos, Miguel Ángel Mesino y Tomás Cruz Zamora fueron asesinados en México este fin de semana. No fueron "actos pasionales" ni "estimulados por el alcohol", como groseramente declaró el gobernador del estado de Guerrero en una de sus pocas apariciones ante la prensa. Los crímenes se perpetran en un marco de violencia extrema, suscitado en México por las voraces apetencias de empresas multinacionales, con la complicidad asalariada de los corruptos políticos que gobiernan, junto a sus jueces y policías.
Los campesinos perversamente eliminados tenían mucho en común: ambos eran humildes, vivían de su trabajo, eran ecologistas, eran dignos, eran valientes. La humildad de quienes son honestos es una característica proverbial desde el nacimiento de la especie humana. Se sabe que las personas pacíficas, sinceras, inteligentes, sensibles, se conforman con lo que obtienen por sus propios talentos, sin perjudicar a nadie. Mientras que los peores no dudan en mentir, acechar, asesinar o robar para obtener una acumulación de objetos que casi siempre los termina sepultando. De esta progenie perversa surgieron los primeros "reyes" y la casta obscena que la mentira histórica presentó como "nobleza".
Miguel Ángel Mesino, de 34 años fue asesinado con rifles de alto poder en pleno centro de Atoyac.
La Policía Investigadora Ministerial (PIM) informó que le descerrajaron nueve balazos de AR-15 y 9 milímetros en la cabeza y el pecho. En el fusilamiento también resultó herido con balas perdidas Romel Jaime Chávez, hermano del dirigente de la Unión Nacional de Organizaciones Campesinas (Unorca), Zohelio Jaime. Miguel Ángel era a su vez hermano de la dirigente de la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS), Rocío Mesino.
Por su parte, Tomás Cruz Zamora era miembro de los Comuneros Opositores a La Parota, como se llama a la organización espontánea de campesinos que se formó para resistir el desalojo forzoso y destrucción de miles de hectáreas por una presa hidroeléctrica impuesta a la población por el Tratado de Libre Comercio entre México y Estados Unidos. Lo baleó salvajemente uno de los campesinos sobornado por el gobierno, del mismo grupo que fuera acarreado en transportes públicos, agasajado con dádivas alimentarias y custodiado para dar quorum a una asamblea falsa donde se construiría la farsa de un supuesto "apoyo popular" al negociado del gobierno, algunos empresarios mexicanos, estadounidenses y el Banco Mundial.
Un mismo problema recorre hoy de Norte a Sur toda nuestra América Latina. Casi en cualquier parte donde uno mire, se presentan oscuros "fondos de inversión" camuflados bajo nombres diversos -La Parota, Majaz, Soja S.R.L, Barrik Gold, La Alumbrera-, cuya horrenda fachada mercenaria la dan policías enmascarados avanzando con armas de guerra. Tras ellos, en degradación creciente de valor*, una legión de contadores, abogados, jueces, señoritas que alguna vez mostraron sus cuerpos vendibles por las pasarelas, políticos de todos los partidos cuya única convicción es que en este mundo todo lo que importa se compra o se vende.
Del otro lado están los nobles, los dignos, los verdaderos dueños de la tierra, aquellos que fueron capaces de tomar en sus manos una herramienta para labrar la tierra, y obtener de ella los frutos sagrados con que supieron alimentar a sus niños y sus ancianos durante generaciones, sin quitarle nada a nadie. Los que no quieren que sus hermosos prados, montes o serranías se conviertan en lóbregos cementerios, impregnados por el cianuro, el glifosato, el negamón o la basura petrolífera. Se oponen a los planes de los Estados Unidos, el FMI, el Banco Mundial, el Club de Roma y la Trilateral, aquellos seres refinados y dignos que no desean para sus hijos un paisaje donde las aves más felices terminen siendo los cuervos.
Entonces si el mismo problema recorre de Norte a Sur nuestros países -y con particularidades diferentes también al mundo entero-, ¿qué hacer para evitar que nos gobierne, imponiéndonos su régimen de muerte? Unirnos, todos los humanos de cepa noble y buena, a lo largo y lo ancho del mundo, para ponerle freno a estas gavillas de inmorales asesinos, allí donde se presenten. Ya lo hicieron los primeros cristianos, después de la muerte de Jesús, derribando al imperio más poderoso del mundo.
Hoy tenemos una herramienta formidable: la tecnología. Hoy los criminales del mundo difícilmente quedan impunes: dondequiera que se presenten con sus almas perversas y sus armas cargadas por el demonio, hay una cámara digital, un teléfono celular, una laptop e internet. Por ello con toda humildad conmino, animo, recomiendo a mis hermanos campesinos, trabajadores, desposeídos de todo el mundo: procúrense cámaras digitales, aprendan a manejar internet, ejerciten sus mentes en la comunicación solidaria.
Si logramos que la inmensa mayoría de seres buenos e idealistas que habitan el mundo logre establecer una cadena de comunicación efectiva, instantánea, solidaria... la muerte no prevalecerá.

* En la ciencia de los colores, se llama "valor" o "tono" a la ausencia de matiz (es decir, todos los grises hasta el negro).