@DIN - Comentarios, entrevistas, reportajes: Médicos cubanos en el Madidi

martes, octubre 17, 2006

Médicos cubanos en el Madidi


Salvando vidas en la selva olvidada

Pablo Cingolani

Cuando el pasado 25 de agosto, la avanzada del Presidente Constitucional de la República de Bolivia, don Evo Morales Ayma, llegó por aire a la frontera para garantizar la seguridad del arribo del primer mandatario en su histórica visita a la comunidad Lanza del Parque Nacional Madidi, no llegó sola.

Dos profesionales de la Misión Médica de la República de Cuba en Bolivia los acompañaban: eran los doctores Lorenzo Cisneros e Iván Requeira, dos jóvenes entusiastas a los que no acobardaba en lo más mínimo saber que estarían desarrollando su labor humanitaria en las comunidades campesinas consideradas como las más aisladas del territorio boliviano. Eso es así ya que para arribar a ellas es preciso caminar cinco días –con buen pie- desde la punta de camino situada en otra comunidad, Azariamas. Todas están situadas en la jurisdicción de la provincia Franz Tamayo, en el norte amazónico y selvático del Departamento de La Paz.

Lo primero que verificaron ambos facultativos fue, precisamente, ese aislamiento, al comprobar que sus celulares (de una marca que promociona su cobertura total con el dudoso “selvatigo”), no funcionaban allí. Es que hay selvas para la televisión y selvas de verdad y ésta donde se hallan las comunidades de Lanza y Puerto San Fermín –los lugares de trabajo por los próximos seis meses de ambos médicos- están no sólo desvinculadas del resto del país (ni a caballo es posible llegar) sino que han sido históricamente olvidadas y postergadas por el estado, por la administración de parques nacionales donde se hallan situadas y hasta por las famosas ONGs que tanto dicen defender el increíble medio ambiente que las rodea, el bosque húmedo tropical, el ecosistema más rico del planeta y cuya conservación es prioridad mundial para aminorar los efectos del calentamiento global que padecemos todos.

Los médicos rieron al convencerse que habían caído en la trampa publicitaria: “En Eritrea, también estábamos incomunicados, así que ni modo: vinimos a atender a la gente”.
En este primer mes de trabajo, lo han hecho, lo han hecho bien y lo han hecho con creces: desde el 1 de septiembre hasta el 2 de octubre atendieron a 1072 pacientes, salvando seis vidas humanas de una muerte segura si no contaban con la atención que recibieron, desde ya de manera absolutamente gratuita. La solidaridad cubana con la revolución democrática boliviana conmueve y lo más importante: salva vidas.

Una frontera unida

En las comunidades bolivianas de Lanza y San Fermín, viven un total de 268 personas, desde los más ancianos, Zenobia y Segundino Chambi, hasta los bebés y recién nacidos.
La cifra de pacientes puede dar a entender que cada boliviano y cada boliviana han sido atendidos un promedio de cinco ocasiones cada uno. No es así. Lo también relevante y merecedor de todos los elogios es que los médicos cubanos que están curando en esa remota región fronteriza no sólo atienden a los bolivianos que viven allí sino a quienes habitan cruzando los ríos Lanza y Tambopata, el límite natural con la República del Perú.

Más de ochocientos ciudadanos peruanos –que llegan no sólo de las poblaciones adyacentes a la frontera, sino incluso desde la capital provincial, Sandia, y hasta de San Antonio de Putina, en el altiplano de Puno, a dos días de distancia en movilidad terrestre de la raya acuática- fueron revisados y medicados por los galenos del Caribe y a tres de ellos –democráticamente- se les salvó la vida.

La presencia de los médicos cubanos en esta remota frontera binacional –es remota del lado boliviano e incluso mucho más alejada de la capital del otro lado- viene a reparar una necesidad histórica de sus pobladores: la atención médica permanente, un derecho humano fundamental.
Hasta la instalación del micro hospital que ahora funciona en la comunidad de San Fermín, todos, bolivianos y peruanos, si querían ser atendidos por un profesional de la salud debían trasladarse hasta Sandia, un día-dos días de transporte.

La apertura del micro hospital fue también otra muestra de voluntad y de solidaridad: todo el equipamiento fue trasladado desde la ciudad de La Paz –a través de territorio peruano- en un camión que demoró cuatro días en llegar hasta la punta de camino situada en Pauji Playa. De allí, todo fue bajado una montaña boscosa a espaldas y brazos de hombre y luego cruzado en balsas atravesando el río Tambopata para ser instalado y puesto en funcionamiento. La tarea estuvo a cargo del Ejército de Bolivia y el Ministerio de Defensa Nacional y fue coordinado por las cancillerías de los dos países sudamericanos.

Preservando a la gente

Las comunidades de Lanza y San Fermín están situadas dentro del parque nacional más importante de Bolivia: el mundialmente conocido Madidi.

De una extensión de casi 19.000 kilómetros cuadrados, es considerado uno de los reservorios más importantes de biodiversidad de todo el planeta y, de allí, la necesidad de preservar sus regiones de vida naturales. Sin embargo, en medio de tanta riqueza, la población que vive al interior del área protegida, sufría de una pobreza extrema y de un abandono inmoral de parte de las autoridades ya que es imposible pretender se proteja el medio ambiente sino no protegemos a las personas que son las principales encargadas de hacerlo.

Es por ello, que la presencia de los médicos cubanos –gestión directa del Presidente boliviano Evo Morales- en un parque nacional tiene esa cualidad especial: no sólo hacer justicia y cumplir con personas que nunca gozaron del beneficio de la salud –una responsabilidad del estado- sino sentar bases sólidas no sólo para mejorar la vida de la gente sino también para que esa gente preserve mejor un área natural de riqueza excepcional y de impacto global.
Los médicos cubanos del Madidi son un ejemplo a destacar por muchos motivos. Se ha roto el aislamiento de una región olvidada, se sientan lazos de hermanamiento más profundo con los vecinos internacionales –que, qué duda queda, sufren los mismos males de un lado y del otro lado del río-, se dignifica y se cuida a una población muy vulnerable.

Por último, insistimos en remarcarlo, se protege como prioridad a la gente dentro de un área que, con las visiones conservacionistas vigentes en anteriores gestiones gubernamentales bolivianas, eran menos consideradas y menos atendidas que los animales y que las plantas. La preservación de la naturaleza debe continuar pero desde esta visión integral que impulsa el primer gobierno boliviano encabezado por un indígena. Así, la solidaridad del gobierno cubano no sólo está aportando a salvar vidas en una selva hasta entonces olvidada sino contribuyendo a preservar uno de los últimos reductos verdes del planeta.


La Paz, 16 de octubre de 2006