Por: Robert Fisk * ¿Es él? Casi seguramente. ¿Por qué en audio? ¿Por qué no grabó un video? ¿Estará enfermo? Sí, dicen las acostumbradas "fuentes de inteligencia" estadounidenses. Es el mismo viejo cuento. Osama Bin Laden nos habla desde detrás de una cueva, de dentro de una cueva, desde un sótano, tal vez, en una cinta que casi seguramente fue grabada de una línea telefónica lejana. El mensaje del miércoles, como siempre difundido por la televisora Al Jazeera, fue un recordatorio de que la seguridad -no la enfermedad- elige su método de comunicación. Bombardeamos e invadimos Afganistán para encontrar a Bin Laden, de la misma forma en que combatimos y morimos en Irak para matar a sus simpatizantes; aun así este hombre nos elude, nos amenaza y se burla de nosotros. ¿Cuánto más puede durar este absurdo? El presidente Chirac advierte que Francia -de todas las naciones- podría usar armas nucleares si es atacada. ¿Por quién?, me pregunto. Estados Unidos hace volar en pedazos a niñ
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