viernes, enero 20, 2006

Un mensaje, casi seguramente, de Bin Laden


Por: Robert Fisk *

¿Es él? Casi seguramente. ¿Por qué en audio? ¿Por qué no grabó un video? ¿Estará enfermo? Sí, dicen las acostumbradas "fuentes de inteligencia" estadounidenses. Es el mismo viejo cuento. Osama Bin Laden nos habla desde detrás de una cueva, de dentro de una cueva, desde un sótano, tal vez, en una cinta que casi seguramente fue grabada de una línea telefónica lejana. El mensaje del miércoles, como siempre difundido por la televisora Al Jazeera, fue un recordatorio de que la seguridad -no la enfermedad- elige su método de comunicación.
Bombardeamos e invadimos Afganistán para encontrar a Bin Laden, de la misma forma en que combatimos y morimos en Irak para matar a sus simpatizantes; aun así este hombre nos elude, nos amenaza y se burla de nosotros. ¿Cuánto más puede durar este absurdo? El presidente Chirac advierte que Francia -de todas las naciones- podría usar armas nucleares si es atacada. ¿Por quién?, me pregunto. Estados Unidos hace volar en pedazos a niños paquistaníes y proclama haber matado a cinco hombres buscados, incluido un fabricante de bombas. Pero no hay ninguna evidencia de ello, en lo absoluto. Bin Laden afirma que Estados Unidos volverá a sufrir un ataque a menos que acepte una tregua en las guerras de Irak y Afganistán. ¿No se suponía que estábamos ganando la "guerra contra el terror"? "Oh, no", señalan los "expertos"; Bin Laden y Al Qaeda están perdiendo, por eso es que quieren una tregua. Qué esperanzas.

Se trata, por supuesto, de un juego. Bin Laden no tiene intención de poner fin a su propia guerra, como tampoco George W. Bush o Tony Blair. Con toda probabilidad, Bin Laden hace la oferta de la tregua con la intención de que sea rechazada. Quiere que Bush y Blair la rechacen. Después del próximo ataque vendrá una nueva cinta de audio. ¿Ven lo que pasa cuando rechazan nuestro cese del fuego? Se los advertimos. Y entonces nosotros nos preguntaremos: ¿Es él? ¿Por qué no grabó un video?
Nunca antes en la historia tantos hombres buscados han difundido sus fotos, mensajes y videos desde la clandestinidad. Probablemente Tito fue la última figura de tiempos de guerra que caminaba entre sus enemigos y permanecía libre para hablar y retirarse. La ironía es, desde luego, que Bin Laden es ahora parcialmente irrelevante. Ha creado Al Qaeda. Su hazaña -si es que esa palabra puede entenderse dentro de este contexto- está completa. ¿Para qué nos molestamos cazándolo ahora? Es un poco como arrestar a todos los científicos nucleares del mundo después de que se inventó la bomba atómica. El monstruo ya nació. Ahora tenemos que encargarnos de Al Qaeda.
Así, Bin Laden nos dice que los sistemas de seguridad estadounidenses no han prevenido un ataque, y que a su agrupación le toma tiempo preparar las "operaciones". "Es mejor no combatir a los musulmanes en su tierra", afirma. "No tenemos objeción en ofrecerles una tregua que sea justa y de largo plazo... para poder reconstruir a Irak y Afganistán", asegura.

Olvidemos por un momento el profundo cinismo detrás de este mensaje -destruir a los chiítas de Irak parece ser uno de los objetivos de los insurgentes iraquíes-; lo que se nos está revelando es uno de los viejos temas de Bin Laden: la idea de que estas guerras causarán la bancarrota de Estados Unidos. "Esta solución no es vergonzosa porque evita que se malgasten billones de dólares de los mercaderes de la guerra". Estas son casi exactamente las mismas palabras que usó Bin Laden la última vez que nos encontramos. "Los estadounidenses van a la bancarrota", dijo entonces, sin darse cuenta que la guerra optimiza e infla la economía de una superpotencia.
Es como si los dos "bandos" de este conflicto vivieran de ilusiones. Bush y Blair siempre están diciéndonos que las cosas en Irak mejoran cuando todos sabemos lo mucho que empeoran. La anarquía ha hecho presa de la nación desde Mosul, en el norte, hasta Basora, en el sur. ¿Que los cadáveres de soldados siguen llegando a Estados Unidos? Nada más no dejen que la prensa saque fotografías de los ataúdes. ¿Bombas en Londres? No tienen nada que ver con Irak, nos dijo el desventurado Blair en julio pasado.
Ya hay en Internet una página en español de la Casa Blanca sobre la guerra en Irak. ¿Por qué? ¿Será que los españoles están interesados en la guerra que dejaron atrás? ¿O más bien porque muchos de los soldados que mueren en Irak son de habla hispana? Y ahora tenemos a Paul Bremer, el no menos desventurado ex cónsul estadunidense en Bagdad, diciéndonos que esas mismas tropas españolas contribuyeron al levantamiento en Najaf porque no estaban cumpliendo con sus tareas en Irak.

Más absurdos. Lo que originó ese levantamiento fue la ira personal de Bremer por un ataque en su contra proveniente de un diminuto periódico chiíta musulmán cuya clausura él ordenó (en un anuncio hecho en su árabe execrable). Fue esto lo que llevó a Moqtada Sadr a combatir a los estadounidenses. Y así podemos seguir: culpemos a los combatientes extranjeros -pese a que 158 mil de los que están en Irak usan uniformes estadounidenses-, culpemos a Siria, culpemos a Irán. Culpemos también a España, por supuesto. Culpemos a cualquiera que no esté "con nosotros".
La verdad es que se necesitará de Irán y Siria para ayudar a Estados Unidos y Gran Bretaña a salir de esta aventura vergonzosa. Y entonces, ¿qué es lo que hacemos? Tensar aún más la situación acusando a Irán de querer fabricar armas nucleares. ¿Y por qué Irán? ¿Por qué no otro Estado musulmán llamado Pakistán, infinitamente más inestable, y que de hecho ya tiene armas nucleares? Bueno, pues porque su dictador, el presidente general Pervez Musharraf, está de "nuestro lado". ¿Por qué no atacamos a Corea del Norte, cuyo líder es más volátil que cualquier clérigo iraní? Porque ahí también hay armas nucleares.
En Afganistán, los talibanes están regresando lentamente. Afuera de Kabul, todas las mujeres llevan burkha. ¿No se suponía que se la iban a quitar? ¿No eran ya "libres" las mujeres? Cada vez más soldados estadounidenses mueren en Afganistán. ¿No se suponía que ya habían ganado?

Ahora Canadá ha dividido a sus tropas de mantenimiento de paz y enviado un batallón a Kandahar a combatir a los talibanes y Al Qaeda. ¿Que hacen ahora los canadienses en operaciones de combate? ¿Qué riesgos enfrenta ahora Canadá, que se mantuvo al margen de toda la invasión y ocupación en Irak?
Hace sólo unos cuantos meses, Bin Laden nos estaba bombardeando con explicaciones sobre los ataques de su movimiento. Entonces señaló que nadie se preguntaba por qué Suecia no había sufrido atentados. Por tanto, aún debemos temer ataques en Estados Unidos, más bombardeos y nuevos capítulos en la "guerra contra el terror". Y en todo este tiempo, en Occidente, no nos hemos puesto a buscar una forma de poner fin a esta "guerra".
¿Qué tal algo de justicia en Medio Oriente? ¿Qué tal si levantamos esa cobija de injusticia que ha cubierto la región durante tantas décadas? A los musulmanes de Medio Oriente probablemente les agradaría tener algo de esa democracia que nosotros proclamamos y que, según esto, les estamos exportando. También quisieran algunos de los derechos humanos que pueden adquirirse en los anaqueles de los supermercados occidentales. También quisieran otra clase de libertad: estar libres de nosotros. Parece que nada de esto vamos a darles.
Así es que la guerra antiterrorista continúa. Esperen más cintas de audio, más amenazas y más muertes.

* The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca

martes, enero 10, 2006

El mandato de arresto europeo legaliza lo peor de Europa

Hace algún tiempo, tuve la ocasión de dirigir un debate sobre Europa en Bruselas. Entre los participantes, se encontraba Jean-Claude Paye, uno de los mejores analistas de la evolución (negativa) de las libertades democráticas y de las legislaciones represivas. Sus respuestas nos dieron escalofríos, pero Paye no exageraba y sus previsiones estaban justificadas, como lo demuestran las recientes medidas tomadas en Francia por Sarkozy y Made in Sarkozy que se toman también en Bélgica y en otras partes...
Michel Collon

Tenemos la impresión de que la Unión Europea es mucho más democrática que Estados Unidos en el ámbito de las normas internas, que no se toman medidas tan drásticas como lo hace Bush con su Patriot Act. Pero, en realidad, si uno se informa bien, se da cuenta de que la Unión Europea está llevando a cabo, en secreto, una serie de leyes antidemocráticas extremadamente peligrosas. De este modo, vale la pena invitar a Jean -Claude Paye, uno de los mejores especialistas sobre nuestros derechos, para saber qué se nos está preparando en concreto en el ámbito de la represión.
Jean-Claude Paye. Si uno quiere saber qué es la Unión Europea, hay cosas bastante mejores que la Constitución. Es necesario echar un vistazo a la cooperación policial y judicial y, sobre todo, ver cómo esta cooperación se inscribe en el derecho y en el procedimiento penal y cómo se organiza esta cooperación europea con los estados exteriores, principalmente con los Estados Unidos. En ese caso, uno se da cuenta de dos cosas:
- En primer lugar, la Unión Europea no es un estado supranacional en vías de construcción, sino que es una coalición de estados nacionales cuyos diferentes poderes se refuerzan mediante la construcción europea.
- En segundo lugar, la Unión Europea no es una alternativa al poder de los Estados Unidos, sino que uno se da cuenta de que es una pequeña subestructura que se inscribe en un conjunto mayor dominado por el poder ejecutivo norteamericano.
Pondré un par de ejemplos:
Una semana después de los atentados del 11 de septiembre, la Comisión presentó al Consejo dos proyectos de decisiones-marco: El proyecto relativo al terrorismo y el proyecto relativo al mandato de arresto europeo.
Estos dos proyectos se presentaron como resultado de los atentados del 11 de septiembre, sin embargo, si uno tiene un poco de sentido común, se puede preguntar cómo se pueden establecer dos proyectos de ley en espacio de una semana. Se estima que es necesario un período de seis semanas únicamente para redactar la ley y mucho más para concebirla. De este modo, se puede decir, sin equivocarse, que tanto del lado europeo como del lado estadounidense existían proyectos de ley preparados y esperando la mejor ocasión para sacarlos a la luz.
Si uno se fija en el lado europeo, observará la "decisión-marco relativa al terrorismo". Tan sólo existían seis países - Francia, Alemania, Inglaterra, Italia, España y Portugal - que ya contaban con una ley antiterrorista. Países como Bélgica tenían la posibilidad de perseguir los actos terroristas con otro tipo de legislaciones. Por ejemplo, los delitos típicos como el asesinato, el secuestro de un avión o poner una bomba han sido siempre castigados por cualquier derecho penal, no es necesaria una legislación especial para ello. Además, Bélgica contaba con cláusulas del tipo asociación de malhechores o de redes criminales que permitían investigar y perseguir a las propias organizaciones y crear un delito de pertenencia. De este modo, era posible ser perseguido por el simple hecho de pertenecer a una organización sin haber cometido un delito determinado. En el código penal de los países que no contaban con legislación antiterrorista ya existían más cláusulas de las necesarias para perseguir los delitos terroristas. Por lo tanto, si se impone a los nueve países que no cuentan con ley antiterrorista a incluir una legislación así en su código penal es por una serie de razones que no se han explicado.
Se pueden observar estas razones en países en los que ya existía una ley antiterrorista como Alemania, España o Italia, en los que las leyes antiterroristas permiten una generalización de procedimientos de excepción en todos los ámbitos del procedimiento penal, desde el interrogatorio policial hasta el encarcelamiento.
En España, por ejemplo, si alguien es sospechoso de terrorismo no tiene derecho a elegir a su abogado, las propias personas que lo arrestan le designarán uno. Además, existe un plazo de 72 horas en las que el arrestado no podrá ver a nadie, no podrá realizar ninguna llamada telefónica ni siquiera a su familia ni contar con un abogado, ni siquiera el que se le haya designado de oficio. El arrestado podrá contar con este abogado después de pasado ese período de 72 horas y en el momento de firmar la declaración - por lo general, la confesión - después de haber sufrido lo que en el lenguaje norteamericano se denominan 'presiones físicas moderadas', es decir, que la tortura es sistemática en España.
En Italia, existe la posibilidad de detener a alguien durante diez años y ocho meses. En Alemania, se puede leer la correspondencia que mantiene el abogado y el detenido, y así todas las legislaciones antiterroristas en el ámbito nacional. Cada una cuenta con su propio desarrollo de los procedimientos de excepción.De esta manera, podemos decir que si se quiere imponer una legislación de ese tipo, no es por luchar contra el terrorismo, porque ya existe todo lo necesario para ello, sino que simplemente así se podrán generalizar los procedimientos de excepción en todos los países que cuenten con este tipo de legislación.
Aquí interviene la segunda decisión-marco propuesta tras los atentados del 11 de septiembre: "el mandato de arresto europeo" que Bélgica ha integrado en su código penal al igual que el resto del conjunto de países europeos.
El mandato de arresto europeo es un procedimiento que sustituye a los acuerdos de extradición, porque dichos acuerdos obstaculizaban bastante a la justicia y a la policía, es largo y hay muchos controles que efectuar como la petición de legalidad. ¿La petición es legal? ¿Existe un delito inscrito en la legislación del país que recibe la petición?
No es algo que carezca de importancia porque, en un país como Italia, existen todavía incriminaciones que salen del código fascista. Por ejemplo, existe la noción de organización subversiva. Una organización subversiva es una organización que, por poner un ejemplo, defiende la lucha de clases, el poder de una clase sobre otra mediante la violencia y desde el final de los años 70, todas las personas de todos los movimientos sociales son perseguidas basándose en esta incriminación. No sólo es una incriminación que data de 1923, que fue redactada por el Ministro de Justicia de Mussolini y que no ha sido suprimida sino que incluso ha sido reforzada. En 1979, la ley Cossiga, que confirma la noción de incriminación subversiva, aumenta las penas en caso de terrorismo.
El ejemplo italiano es muy interesante ya que, desde el punto de vista del derecho, se ha combinado el derecho fascista con el derecho actual en el que las excepciones se basan en la noción de organización terrorista.
De este modo, todas las peticiones de extradición que había tenido lugar basándose en esta incriminación, por ejemplo, todas las personas refugiadas en Bélgica o en Francia, habían sido rechazadas por el poder político debido a que en Bélgica o en Francia no se reconocía dicha incriminación. Con el mandato de arresto europeo, esto ya no tiene importancia, ya no es necesario que sea un delito en el país que recibe la petición, basta con que un país reclame para que la persona sea devuelta casi automáticamente. En el único aspecto en el que se puede intervenir es en cuanto al procedimiento, si los sellos se encuentran en el lugar correcto, en debida forma y si no existe prescripción.
Si se acuerdan, en Bélgica había dos vascos con respecto a los que España pedía la extradición basándose en el mandato de arresto. Estos vivían en Bélgica desde hacía más de diez años y España ya había solicitado dos veces su extradición basándose en los procedimientos antiguos. La extradición siempre se había rechazado debido a su ilegalidad - esas personas habían sido acusadas de alojar a miembros de ETA que meses después de haber vivido con ellos habían cometido un atentado. El problema para el poder era que estas personas habían sido denunciadas por otra persona que había sido torturada y cuyo juicio en España reconocía que, debido a la tortura, la confesión quedaba anulada.
Se trata de una situación de fuerza donde existe un acto judicial que dice que la petición es ilegal incluso desde el lado español. Pero en el marco del mandato de arresto no tiene importancia, la petición es aceptada. De este modo, esas dos personas vascas permanecieron en Bélgica porque existía prescripción del delito, pero, si hubieran estado en Bélgica sólo durante cuatro o cinco años, habrían sido devueltas automáticamente.
Con este procedimiento del nuevo mandato de arresto, un poder político ya no tiene que tomar decisiones y puede, eventualmente, verse sometido a presiones o a una movilización como sucedió, hace algunos años, con el caso de una refugiada turca.
¿Significa esto que la policía y la justicia pueden automatizar las extradiciones?
Exacto. Es un procedimiento automático basado en un principio denominado reconocimiento mutuo. Es decir, que una autoridad judicial de un país europeo es automáticamente reconocida como democrática por los otros países. Esto significa que la incriminación fascista italiana se vuelve de manera automática democrática. Significa que la petición española de personas para torturarlas y prohibirles el derecho a tener un abogado se vuelve automáticamente democrática. De este modo, vemos que en el marco del "mandato de arresto" mediante una legislación antiterrorista, cada país desarrolla unos procedimientos de excepción diferentes que no sólo tienen vigor en los países que los han votado, sino también en el resto de Europa.
De hecho, lo que se hace es tomar lo peor de Europa y se le otorga el derecho de convertirse en ley en toda Europa, es decir, todo bien concentrado (risas en la sala). De este modo, contaremos con lo peor de cada legislación nacional y también con lo peor de la unificación europea.
Hay algo interesante en la "decisión-marco europea" con respecto a las leyes ya existentes e incluso con respecto a su modelo inglés porque no os lo he dicho pero nos han explicado las leyes antiterroristas tomadas después del 11 de septiembre, con un margen de 3 días, una semana no es creíble, pero si uno toma la ley inglesa que ha servido de modelo para la redacción de la "decisión-marco europea" ésta entró en vigor en febrero de 2000, es decir, siete meses antes de los atentados, por lo que pueden observar la capacidad de anticipación de los acontecimientos, pueden juzgarla ustedes mismos (risas en la sala)
Lo que sí es interesante en esta decisión, incluso con respecto a las leyes más modernas como la inglesa, es que introduce un elemento.
En cada ley antiterrorista, existe un elemento objetivo, por ejemplo, el secuestro de un avión, un asesinato. Un elemento subjetivo es el hecho de que ustedes cometen una acción con el objetivo de hacer presión sobre un gobierno o una organización nacional. De este modo, es interesante porque, por ejemplo, el objetivo de todo movimiento social en el que ustedes se manifiestan, se realiza para hacer presión sobre el gobierno, para que éste no privatice los servicios públicos. Ustedes hacen presión sobre el gobierno, por lo tanto entran dentro de ese marco, sobre todo porque en la "decisión-marco europea" el elemento objetivo no es necesariamente un asesinato, puede ser asaltar un edificio público o un medio de transporte público, por lo que sería la captura pública de un medio de transporte público para evitar su captura privada, es decir, su privatización. Si alguno de ustedes asalta un metro con la intención de hacer presión contra el gobierno para evitar la privatización, entrará en el marco de organización terrorista. Es interesante y, desde luego, específico en cuanto a la "decisión-marco europea". De este modo, se puede observar quién es el objetivo de todo esto, sobre todo cuando sabemos que existe la noción de organización internacional.
Cuando sabemos lo que se va a discutir en el ámbito de la Organización Mundial del Comercio, también se observa que el objetivo de esta "decisión-marco europea", que está integrada en nuestro derecho penal, es también el movimiento antiglobalización contra la OMC.
Me gustaría decirles que ésta es la parte más suave (risas), realmente la más suave, ya que si uno se fija adónde conduce todo esto, y habiéndoles hablado ya de Inglaterra y su sorprendente capacidad de anticipación, esto se comprueba una vez más el día 11 de marzo de 2005, es decir, es algo totalmente nuevo, cuando Inglaterra vota una nueva ley antiterrorista, que actualiza la antigua, y que, al igual que el "Patriot Act", autorizaba la encarcelación indefinida, sin inculpación y sin delito alguno, de todos aquellos extranjeros sospechosos de terrorismo. Pues bien, un juicio de la corte suprema dijo que esta ley era totalmente injusta, que se discriminaba a los extranjeros frente a la población nacional, que era intolerable esta discriminación, por lo que decidieron que había que ampliarla al total de la población. Sin embargo, no se les podían encarcelar, por lo que, en un primer momento, se tomaron medidas más suaves. Es decir, que si usted es sospechoso de formar parte o de estar en contacto con alguien que es, a su vez, sospechoso de terrorismo, usted es doblemente sospechoso.
Se podrán tomar medidas de control contra usted, por ejemplo, podrá llevar un brazalete electrónico que le obligue a acudir a comisaría todos los días, realizar inspecciones nocturnas en su ausencia, impedirle que tenga un empleo y hasta permanecer en arresto domiciliario.
En caso de los arrestos domiciliarios, es necesaria la autorización de un tribunal. Uno se puede preguntarse el porqué de esto, ya que no ha habido juicio, pero el hecho de decidir tomar esta medida de control contra usted depende de una evaluación de los servicios secretos cuyos informes son secretos. Es decir que, el juez convoca al tipo que recoge la información y le pregunta:
- "Señor, ¿tiene usted pruebas?"- "Sí, señor Juez" de este modo, el juez toma la decisión. (risas)
Pueden observar adónde nos conduce esto. Todo lo que hemos visto en Inglaterra pretenden extenderlo al resto de Europa y todos esos tipos de medidas los veremos aparecer como proyectos en los diferentes países y ése es el motivo por el que os hablo hoy de ellas, para que estéis preparados para responder.
¿Podría usted hablarnos de la lista de las organizaciones terroristas de Europa y de Estados Unidos?
Este tipo de procedimiento, en el que se toman medidas sin el control judicial y sin pruebas, ya existe en el ámbito europeo, ya que existen listas de organizaciones terroristas. La del Consejo que permite, por ejemplo, bloquear sus cuentas bancarias, suprimir el conjunto de ayudas del Estado por el simple hecho de que usted está en la lista, y es una decisión administrativa que, generalmente, la llevan a cabo los funcionarios del Consejo a petición de Estados Unidos. En Holanda, por ejemplo, el antiguo presidente del partido comunista filipino, José María Sison, se convirtió, de la noche a la mañana, en refugiado, se le cancelaron sus cuentas y el alojamiento del CPAS holandés, le echaron de su vivienda y, también de la noche a la mañana, se enteró de que estaba incluido en la lista antiterrorista.
En este caso, fue, de hecho, Estados Unidos el que hizo la petición y Holanda y más tarde la Unión Europea lo incluyó en la lista de las organizaciones terroristas. De este modo, ustedes pueden ser incluidos en la lista y ser terroristas sin saberlo, ya que la lista de Europol es secreta, lo que permite legalizar ciertos procedimientos de investigación de intrusión, por ejemplo, leer sus correos electrónicos, abrir sus correos, realizar inspecciones nocturnas en su ausencia y, si encuentran algo, retenerlos contra su voluntad, no por los servicios secretos, porque esto es ilegal, pero, como está en la lista de Europol y, generalmente a petición de Estados Unidos, si se encuentra algo, aunque no tenga que ver con lo que se busca, podrá ser detenido en contra de su voluntad.
No dudo de que aún tienes bastantes más noticias desagradables que contarnos...
Lo que entiendo de todo esto es que con el mandato de arresto internacional, que permite a los peores regímenes hacer lo que quieran en todo el territorio europeo, con la definición de actos terroristas y de la lista de las organizaciones terroristas, totalmente arbitraria, politizada y sometida a Estados unidos, estamos en vías de tomar una serie de medidas antidemocráticas, extremadamente peligrosas y que es necesario que se conozcan.

Este debate, organizado en Bruselas por Stop USA el 3 de junio de 2005, trazaba el retrato completo de la Unión Europea. Podrán encontrar las demás intervenciones (todas ellas interesantes) - en Frances - en la siguiente página web: http://www.michelcollon.info/debat_europe.php
Herwig Lerouge, especialista de la UE:«El fontanero polaco no es una ilusión»
Max Ferraille (delegado del metro, tranvías y autobuses de Bruselas):«¿Cargas salariales? Con este término se oculta el robo del salario indirecto»
Jean-Claude Paye:«El mandato de arresto europeo da fuerza de ley a lo peor de Europa»
Zoé Génot, diputado ecologista:«En las relaciones comerciales Norte-Sur, la UE es peor que Estados Unidos.»
Henri Houben, economista de Attac-Bruselas:«Los europeos más ricos quieren situarse a la altura de los estadounidenses más ricos»
Tony Busselen, participante del sitio web www.deboutcongolais:«La rivalidad Francia-Estados Unidos en África explica las guerras más sangrientas desde 1945»
Vanessa Stojilkovic, realizadora del reportaje "Los Condenados de Kosovo":«La guerra de Estados Unidos o de la UE no sólo se lleva a cabo fuera, sino también contra nosotros»
Véanse también los numerosos artículos de Europa en el apartado de Invitados
Traduccion : Marta Veiga, Kaos en la Red.
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miércoles, enero 04, 2006

Las claves de la gira mundial de Evo

CONSECUCIÓN DE FINES POLÍTICOS Y ECONÓMICOS MARCAN EL PERIPLO DEL PRESIDENTE ELECTO BOLIVIANO

La consolidación del eje La Paz-Caracas-La Habana, demostrar que contará con suficiente apoyo internacional y llevar tranquilidad a las petroleras de capitales europeos figuran en la agenda de objetivos que Morales pretende alcanzar en su largo periplo por cuatro continentes.

La Nación/Chile

Para cualquier ser humano embarcarse en una gira por nueve países de cuatro continentes en poco más de dos semanas resulta agotador y tedioso. Sin embargo, el Presidente electo de Bolivia, Evo Morales, tiene la convicción de que un esfuerzo de tal envergadura se justifica plenamente si logra alcanzar los variopintos objetivos que inicialmente se ha fijado.En este plano, no fue mera casualidad que los primeros destinos del periplo mundial de Morales, quien debe asumir el 22 de enero la Presidencia, hayan sido Cuba (el viernes) y Venezuela (ayer). En su primera parada, La Habana, se reunió con el líder cubano Fidel Castro, mientras que en Caracas se entrevistó con el Presidente Hugo Chávez, mandatarios hacia los cuales profesa una pública admiración y con quienes ha forjado una intensa relación de amistad. Al margen de los acuerdos de cooperación en salud, educación y cultura y tecnología firmados, la visita del futuro Jefe de Estado boliviano a ambos países latinoamericanos constituyó la consolidación de una estrecha alianza ideológica, calificada por el triunvirato político como "un eje del bien" para hacer frente a Estados Unidos y su sueño de hacer de la región un baluarte del neoliberalismo.Por de pronto, los pasos dados por Morales en la articulación del eje La Paz-Caracas-La Habana, considerado por los sectores más conservadores de la política de EEUU como el "eje del mal latinoamericano", son seguidos con lupa por la Casa Blanca. Ayer, el portavoz del Departamento de Estado norteamericano, Sean McCormack, declaró que las relaciones entre Washington y Bolivia dependerán del grado de "intersección de los intereses" de los dos países.En términos más claros, el mensaje dado por Estados Unidos se reduce a que la profundización o la distancia con La Paz estarán condicionados a que el Presidente electo boliviano no se salga de cauce, es decir, que no se desligue por completo de las políticas estadounidenses, sobre todo en materia de erradicación de la hoja de coca.
Mientras, la presencia de Evo en España, hoy, miércoles, posee una clara matriz económica.
En tierras hispanas, el dirigente indígena será recibido por el Jefe del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, dándose por descontado que en el centro de la charla estará la presencia de la empresa petrolera de capitales españoles Repsol-YPF en Bolivia, y el plan de Morales de establecer un mayor control estatal sobre los hidrocarburos.Entre jueves y viernes, el futuro Mandatario altiplánico deberá reunirse en París con el Presidente Jacques Chirac, donde el tema de conversación no sólo será la cooperación bilateral, sino que también el escenario futuro que enfrentarán los intereses galos. Y Total es una de las empresas fuertes que operan en Bolivia.Luego, Morales visitará en Bruselas a funcionarios de la Unión Europea (UE), para viajar enseguida a Sudáfrica, donde se reunirá con el ex Presidente y premio Nobel Nelson Mandela, personalidad a la que también profesa admiración.Posteriormente, el Jefe de Estado electo boliviano estará entre el 10 y 12 de enero en China, donde se reunirá con el gobernante Hu Jintao para hablar sobre cooperación, mercados e inversiones. El cierre de la gira tendrá como telón de fondo a Brasil, donde el día 14 Morales será recibido con los brazos abiertos por otro aliado, el Presidente Luiz Inácio Lula da Silva, donde el tema del futuro de la petrolera brasileña Petrobras en Bolivia tendrá un lugar destacado en la agenda bilateral.

La causa común de los mandatarios de Venezuela y Bolivia

Evo Morales, Presidente electo de Bolivia, fue recibido en Venezuela con todos los honores de un Jefe de Estado. Y no perdió tiempo en hacer causa común con su colega y amigo Hugo Chávez, al anunciar una alianza antiimperialista en América Latina y una lucha por rescatar "la dignidad de Bolivia". "Estamos acá incorporándonos a esa lucha antineoliberal y antiimperialista (…) para dar respuesta a las necesidades de las mayorías nacionales", afirmó Morales. "Son tiempos nuevos. Este milenio será para los pueblos, no para el Imperio", dijo el Mandatario electo, quien también dejó claro que sus objetivos serán "cambiar a Bolivia" y "liberar al pueblo boliviano". En tanto, Chávez ofreció ayuda a Morales para lograr sus objetivos. "Vamos a apoyarle modestamente para que se haga realidad lo que Evo ha llamado el rescate de la dignidad de Bolivia", dijo el Mandatario venezolano. Asimismo ironizó con la calificación de países que suele usar EEUU: "Washington y sus aliados representan el eje del mal; nosotros somos el eje del bien". En tanto, durante la conferencia conjunta de ambos líderes, Chávez confirmó que en la víspera recibió la visita, en el palacio de Miraflores, al candidato presidencial peruano Ollanta Humala, que intentó en 2000 derrocar al Presidente Alberto Fujimori y que hoy marcha segundo en las encuestas para las presidenciales del 9 de abril.

ESPERANZAS DE CHILE

Aun cuando La Moneda reconoce como una "anomalía" no tener relaciones diplomáticas con Bolivia, el ministro portavoz Osvaldo Puccio expresó ayer su confianza en que la alta votación que obtuvo el electo Presidente de Bolivia, Evo Morales, "abre enormes posibilidades de fortalecimiento del diálogo, de avances mayores en nuestra relación y en la búsqueda de solución de lo que se ha hecho llamar la agenda abierta de Bolivia o en la agenda sin exclusiones de ninguna naturaleza".El vocero de Gobierno agregó que, en principio, el Presidente Ricardo Lagos no asistirá al cambio de mando en el vecino país, aunque precisó que "siempre es bueno esperar" hasta el 22 de enero.

Dibujo: Lucas Ordóñez / @DIN Posted by Picasa


Lo que Petras no comprende

Jaime Otero-Zuazo
BolPress

A pesar de que se evidencia un apoyo creciente de organizaciones, naciones y personalidades del mundo, existen muchas voces influyentes que no paran con su intromisión e insulto desmedidos al nuevo proyecto boliviano. Tales ataques vienen ahora de todos lados y de todas partes. Parecería ser que existe, en ciertas personas, un deseo de erosionar el hecho de que los bolivianos se despiertan e inician el progreso de una de las naciones mejor dotadas de recursos naturales y posición geográfica. Lo cierto es que Bolivia no puede limitarse a las deficiencias intelectuales y conceptuales de otros.

El académico y conferencista de izquierda norteamericano James Petras confirma que los movimientos sociales estarán pendientes de que el gobierno mantenga su línea de compromiso eleccionario. Se espera la conformación de un gobierno que no postergue la resolución de las demandas sociales, y que ataque frontalmente el tema de la pobreza de la mayoría nacional. En lo que Petras se equivoca, no obstante, es en su afirmación de que el manejo de los asuntos económicos y políticos no deba obedecer a metodologías bolivianas, lo que considera un ridículo, y en cambio seguir a doctrinarismos trillados e inflexibles. Petras es miope al comenzar un ataque prematuro a Evo Morales y su gobierno- aunque ya se dejó escuchar su letanía de disconformidad incluso antes de las elecciones. Tenemos que considerar, en primera instancia, que si Evo Morales empieza a resolver los problemas sociales y económico críticos de Bolivia, sin injerencia extranjera, desempleará a muchos profesionales sociales que, por décadas, han venido construyendo la multimillonaria industria de la “limosna social” en países como Bolivia. Esta “limosna social” no ha brindado resultados proporcionales a su inversión y ha beneficiado más a la oligarquía servicial que a las mayorías pobres, desplazando el progreso en áreas críticas de desarrollo como la salud y la educación.
Al atacar el modelo boliviano de desarrollo, ¿pretende Petras decir que la capacidad de acumulación de riqueza nacional e incremento del ahorro interno es propiedad y bien sólo de los países desarrollados? O, como insinúa, ¿qué una aplicación del capitalismo andino ‘por y para los andinos’ sería ”ridícula”? Por un lado, eso de que los bolivianos no pueden hacerlo, a menos de que se implanten las medidas desarrollistas de afuera hacia adentro, con obvias consecuencias desventajosas para los bolivianos, tiene un eco arrogante muy familiar a la campaña electoral de PODEMOS- a quienes la pedantería tan solo de sus siglas les costó las elecciones. Donde Petras y PODEMOS yerran es en olvidar la historia de los pueblos, sobretodo del pueblo boliviano. Sus plataformas políticas, una de extrema izquierda y la otra de extrema derecha, no vislumbran el momentum desarrollista de Bolivia, que no puede ser tabula rasa para todos los pueblos en cuanto a la implementación de medidas requeridas para el beneficio humano se refiere. Los doctrinarismos de ambas tendencias son manifestaciones políticas rezagadas, que no alcanzan el paso de marcha firme del pueblo erguido, caminando no rumbo a la izquierda ni a la derecha, sino de frente hacia la consolidación de la nación y su soberanía y el desarrollo de una base económica fuerte y transparente. La diferencia del gobierno del MAS es que pretende encaminarse hacia ese futuro subsanando, a cada paso, el déficit social sin demorar ningún plan de justicia social, pero también sin idealismos doctrinarios estáticos que no nos dan el pan de cada día y nos condenan a más pobreza.

La formulación de Petras de que Evo Morales y su movimiento se han “derechizado” en los 2 últimos años es otra falacia y limitación intelectual. Lo cierto es que Bolivia nunca fue un país radical en aras de una revolución socialista extrema que nos devuelva al siglo XX de Cambodia o Viet Nam o inclusive de la Unión Soviética, con el consecuente sacrifico de millones de vidas. La realidad socio-política boliviana es tan palpable y latente como su pobreza. En Bolivia, el sufrimiento parte de la unidad familiar incapacitada de sostenerse y alimentarse por falta de empleos- en las ciudades- y de infraestructura y acceso a mercados- en el agro. La esperanza del pueblo surge de poder ver el fruto de sus esfuerzos realizados, no como políticos uniformados marchando al son de alguna doctrina radical impuesta, sino como partícipes de los mercados de productos y servicios en una sociedad con oportunidades y sin prejuicios. Lo que Petras no comprende, y considera ridícula al generalizarla, es que la parte más importante de la producción agregada de Bolivia parte precisamente del proceso de la administración de bienes y servicios, por humilde que estos sean, en manos bolivianas y en mercados bolivianos, constituyéndose así la base del soporte material directo a las familias bolivianas. La función del estado no es la de manipular las vidas de los ciudadanos, pero más bien ayudar a las familias a conseguir una estabilidad económica real y persistente, rompiendo las barreras sociales. El gobierno debe impulsar mejorías en la infraestructura del desarrollo entregando en manos del pueblo el camino a los mercados internos y externos; también debe promover la salud pública para no padecer de enfermedades curables; y, por supuesto impulsar la educación para incorporar mejor al boliviano al mundo moderno y a una mejor vida.
Es cierto que Petras percibe una Bolivia más generalizada donde los hidrocarburos son un factor internacional en plena contienda geopolítica. Sin embargo, aquí también la sabiduría nacional tiene la capacidad de poder conducir políticas realistas y pragmáticas que partan de las exigencias sociales de todos los bolivianos, excluyendo la oligarquía “cleptócrata” que ya va preparando maletas.
Las demás acusaciones de Petras son de carácter personal y ridículo.

jueves, diciembre 22, 2005

La mano de obra estadounidense se bate en retirada, ante las fuerzas de la globalización que disminuyen sus salarios y su protección social

Trabajadores en un piquete durante el paro de transportes en Nueva York. Una escena que será cada vez más frecuente en el hasta ahora llamado "Primer Mundo". Foto: AP.

Por: David Streitfeld, Los Angeles Times
Traducción para @DIN de Susana Merino

Esta semana la empresa Delphi Corporation, fabricante de autopartes, ha planteado a sus trabajadores la reducción de sus salarios en dos terceras partes. Es una de las concesiones salariales más radicales que se haya jamás solicitado a empleados sindicalizados.
Al mismo tiempo los trabajadores de la General Motors Corp. aceptaban financiar "provisoriamente" de sus bolsillos miles de dólares relacionados con sus coberturas de salud. Los empleados de Ford Motor Co. y Daimler Benz enfrentarán seguramente similares exigencias. Las fuerzas que golpean a los trabajadores de Delphi y de GM son versiones extremas de lo que está sucediendo en el mercado de trabajo estadounidense, en el que los riesgos económicos tales como el desempleo y los gastos médicos, anteriomente asumidos por los empleadores y el gobierno, están actualmente a cargo de los trabajadores estadounidenses y de sus familiasLuego de cuatro años de recuperación económica, todos los trabajadores estadounidenses deberían tener viento en popa. Y en lugar de eso se hallan enfrentados a una nueva ofensiva tendiente a obligarlos a abandonar una serie de beneficios esforzadamente adquiridos y a aceptar disminuciones en sus salarios. Las empresas explican que estos recortes son "vitales para poder mantener la competitividad" en una economía crecientemente globalizada.En las últimas semanas, han aparecido muchos casos nuevos, no sólo en la industria.Los trabajadores de las 71 mayores superficies de provisión alimentaria de la cadena Farmer Jack en Michigan han aceptado una reducción salarial del 10%, para que la empresa pudiera ser más fácilmente vendida a un nuevo propietario. Centenas de trabajadores de una fábrica de tubos en Aubum, en Indiana aprobaron una baja de dos dólares sobre un salario de 18 U$S por hora para mantener la fábrica en funcionamiento. Los funcionarios de la policía de Wyandotte, en Michigan han aceptado el bloqueo de sus salarios durante los próximos tres años y el incremento de sus pagos por la cobertura médica.Jerry Jasinowski, presidente del Manufacturing Institute at the National Assn. of Manufacturers (Instituto de la Manufactura de la Asociación Industrial Nacional), ha declarado que tales concesiones "se convertirán en moneda corriente"."Los pilotos de línea o trabajadores en cadena, los empleados, deben contribuir a reducir el precio de acuerdo -ha declarado-: "Nosotros no estamos en condiciones de sobrevivir y al mismo tiempo mantener las generosas protecciones sociales acordadas hace 10 o 15 años", afirmó Jasinowski.

El trabajo en agonía

Varias causas explican la reducción de la influencia de los trabajadores. Entre ellas se destacan la existencia de una mayor demanda de empleo en el mercado del trabajo y la deslocalización hacia países con mano de obra barata como la China y la India.Algunas sociedades, que compiten con productores rivales que producen a menores costos expresan que no pueden permitirse el mínimo aumento. Y aun en el caso de empresas florecientes, las elevadas primas de los seguros de salud deben financiarse con fondos que podrían utilizarse en aumentos.Según una encuesta reciente efctuada por la Kaiser Family Foundation y el "Health Research and Educational Trust" solamente un 60% de las empresas ofrecen a sus empleados una cobertura de salud, un retroceso evidente comparado con el 66% del 2003 y el 69% del 2000.Los empleadores requieren mayor productividad de los trabajadores con el mismo salario.Sucede por lo tanto que para la mayor parte los costos de vida han aumentado mucho más aceleradamente que los aumentos anuales. La última semana un informe del gobierno estadounidense señaló que debido al aumento de los precios de la energía, la inflación aumentó en setiembre de 2005 dos veces más que los salarios El democrático Instituto de Políticas Económicas (Economic Policy Institute) ha declarado que "esta situación configura la mayor baja de la capacidad adquisitiva en decenios".El inmovilismo o la baja de los salarios contribuye a amortiguar la inflación, pero es un triste consuelo para los que ven sus bolsillos cada vez más vacíos.En el período en que las industrias tradicionales, como las de las piezas automotrices y las de líneas aéreas, se esfuerzan en adaptarse a difíciles circunstancias, sus empleados son especialmente vulnerables.

Trabajadores contra el paredón

Cuando hace alrededor de dos meses los mecánicos de la Northwest Airlines Corporation hicieron huelga preventiva para bloquear la baja de sus salarios en un 25%, la compañía los reemplazó inmediatamente. Dichos trabajadores se encuentran actualmente ante un ofrecimiento de la empresa que incluye la misma reducción salarial y una protección social menor que la que les ofrecían antes de la huelga.Las perspectivas de los obreros de base de Delphi son igualmente sombrías: el 8 de octubre, la sociedad solicitó beneficiarse con las garantías de una ley estadounidense de protección ante una eventual quiebra. Los especialistas de la historia del trabajo no recuerdan un período en el que durante una recuperación económica, se haya solicitado en una sola empresa un apoyo en tal cantidad y al mismo tiempo el abandono de tantas ventajas.Los responsables del sindicato United Auto Workers, declaran que se trata de "sacrificios extraordinarios" en momentos en que Delphi especialmente, está tomando medidas "repugnantes" al aumentar el monto de sus contratos con el objeto de mantener a sus cuadros de alto nivel.Los críticos dicen que los empleados de Delphi, que ganan 27 dólares por hora, además de algunos beneficios sustanciales como la cobertura de salud y la jubilación complementaria, "le cuestan mucho a la empresa" impidiéndole mantener la competitividad. En comparación los trabajadores de las fábricas Delphi, ganan apenas 3 dólares por hora."Las empresas no pueden ya otorgar opulentas ventajas por enfermedad ni compromisos ilimitados de jubilaciones complementarias" declaró el economista Peter Morici, un negociador comercial y administrativo de Clinton. Y agrega que el sindicato UAW "debió haber educado" a sus miembros desde hace mucho tiempo "mostrándose realista" en sus exigencias.El nuevo contrato de Delphi va a sentar un precedente para las negociaciones de GM, Ford y Daimler Chrysler. Ford declaró igualmente el lunes último que había iniciado conversaciones con su sindicato para reducir los aportes en los seguros de salud.

Igualando para abajo

La industria automotriz ha sido un indicador de las orientaciones salariales desde su creación. Ya en 1914 Henry Ford anunció jornadas de 5 dólares, duplicando de golpe los salarios de sus 150.000 trabajadores en las cadenas de ensamblaje e inaugurando lo que el diario de Detroit llamó "una nueva era industrial".En dicha época los trabajadores indicaban el camino. Actualmente son considerados como condenados.Steve Szakaly, un economista del Automotive Research Center (Centro de investigaciones automotrices) ha declarado "existe consenso sobre el hecho de que las antiguas industriasde trabajo en cadena están a punto de desaparecer". En el seno de una economía mundial estamos todos destinados a transformarnos en empleados terciarios. Y Delphi también coincide con esto...Con base en Troy (Michigan) esta compañía -una industria complementaria fundada en 1999 por General Motors- no es tan antediluviana como pareciera. Más de las dos terceras partes de sus 185.000 empleados trabajan ya fuera de los EEUU y está en tren de detener y de modernizar sus fábricas estadounidenses. Este año se cerró su única fábrica californiana, sita en Anaheim. En su página de Internet, la empresa proclama: "En tanto empleadora de categoría internacional, Delphi ofrece una protección de carácter mundial a sus empleados de tiempo completo". Sin embargo la orgullosa declaración ha cobrado recientemente un sentido diferente; los trabajadores de Delphi de los EEUU -declara la dirección-, deben ganar un salario más cercano al que se gana en otras partes del mundo.Se informa que las vacaciones se reducirán de seis a cuatro semanas y que aumentarán las primas de seguro de salud, mientras que las contribuciones de la empresa a las jubilaciones complementarias van a disminuir. Los días feriados pagos serán reducidos de 17 a 10 en total y por todo concepto. Los salarios también disminuirán hasta un máximo de 10 a 12 dólares por hora. Esto significa que los trabajadores de Delphi no podrán seguir comprando los automóviles que contribuyen a fabricar.

Capitalismo: una máquina de picar carne

Robert S. Miller, experto en reorganización, nombrado para dirigir la firma el verano pasado declaró en una conferencia de prensa que los trabajadores "no debían sentirse mal" puesto que comparó la situación con "una tempestad" a la que "los ha llevado" la globalizaciónEs una tempestad que ha arrasado a otras industrias estadounidenses; Thomas Pailey, economista y antiguo asistente del director de relaciones públicas del sindicato AFL-CIO, dijo que se trataba de una muerte "ocasionada por miles de golpes de látigo, lo que hace que escape al radar político""Fue golpeando hábilmente primero a la ropa, luego al amoblamiento, después a los textiles y luego al acero" agregó Pailey. El fenómeno se produce siguiendo una escala de valores. Las pruebas se notan en los artículos fabricados en Filipinas. En la India actualmente los radiólogos interpretan las curvas procedentes de hospitales de los EEUU. Los fundamentos mismos del trabajo han sido atacados.La mundialización tiene muchos admiradores e innegables ventajas. Cada una de las fábricas de piezas desprendidas que Delphi instala en ultramar mejora el nivel de vida local. En los EEUU donde los fabricantes nacionales y los importadores compiten por proveer las mercancías a precios más baratos, la mundializaciòn contribuye a mantener los precios más bajos.Algunos economistas sólo ven ventajas. Donald Kohn, gobernador de la Reserva Federal, declaraba en un discurso reciente que la tasa de desocupación del 5,1% en los EEUU, "muestra evidentemente que nuestra capacidad de crear empleos adaptados a las necesidades no se ha visto alterada" por la competencia internacional.Otros no son tan optimistas "¿Cómo hacen las empresas estadounidenses para ser competitivas en el marco de la economía mundial?" pregunta Harley Shaiken, un economista de la Universidad de Berkeley en California. "Si la única manera de mantener el atractivo es pagar 10 dólares por hora, existe un peligro mucho más importante que el de Delphi. Estamos ante una sociedad en el que la gente en lugar de entrar en la clase media sale de ella".La elección presidencial del año pasado provocó un debate sobre la globalización y la deslocalización de los empleos, que produjo mucho revuelo pero poco esclarecimiento. Algunos dijeron que el fenómeno había sido exagerado en una economía que crea y elimina millones empleos por año.Otros sostienen que el fenómeno se acrecentará y afectará a millones de empleados.Jared Bernstein, un economista del Instituto de Economía Política ha admitido: "Tal vez estemos buscando en el lugar equivocado".Es posible que se hayan perdido miles de puestos por el auge de los menores costos del empleo en ultramar. Pero lo que no está suficientemente reconocido es que muchos otros millones mantienen sus empleos - o por lo menos un trabajo - aunque haya sido perdiendo la protección social actual o futura.Las historias laborales que presentan las perspectivas más desoladoras ignoran de qué modo podría detenerse este decadente proceso. Léon Fink, redactor de la revista Labour: Studies in Working-Class History of the Americas (Trabajo: estudio de la historia de las clases trabajadoras de los EEUU) ha escrito: "antes existía para el trabajador un nivel básico de protección social, de ahora en más estamos viviendo en un período en que las antiguas reglas crujen". Posted by Picasa

lunes, diciembre 05, 2005

Los malos tiempos arderán

Consideraciones sobre los recientes acontecimientos de Francia, y el brillante porvenir del que son heraldos

I. Lo que vamos a decir lo decimos sin ninguna ilusión ni tampoco esperanza, ni sobre su utilidad ni sobre la verdad última de nuestros argumentos. Estamos demasiado lejos de los acontecimientos, tanto física como temporalmente, demasiado lejos, demasiado tarde, como para pretender tener ninguna influencia sobre ellos. Estamos lejos, además, de su propia negación, pues a pesar de que efectivamente compartimos una miseria análoga que se debe a las mismas causas, no es sin embargo igual, ni tiene su misma intensidad. Pero nos animan al menos dos deseos: contribuir, junto con los propios actos y a la luz de los mismos, al esclarecimiento del mundo en el que sobrevivimos, y salir en su defensa, allí donde su acción por muchas razones ejemplar merece ser defendida, contra todas las calumnias y mentiras que se han levantado y se levantarán por los enemigos de afuera y los de adentro, y no porque los insurrectos de Francia necesiten esa defensa,sino porque la necesitamos nosotros, los otros proletarios de tez “blanca” y conciencia desteñida, para desenmarañar el tejido de ficciones que nos encadena paralizando nuestra propia ira y nuestra propia revuelta. No pretendemos tampoco idealizar ni glorificar nada, porque nada debe ser ensalzado en el terreno de la guerra social. Tan mísera es nuestra condición, que el más mínimo triunfalismo es otro clavo más sobre el ataúd material y virtual que nos encierra en la vida diferida. Pero por eso mismo, deseamos seguir permaneciendo a la escucha de cualquier signo que venga de cualquier parte manifestando que ese estado catatónico empieza a romperse. Incluso aun cuando después, aparentemente, el silencio vuelva a reinar en Europa: especialmente en este último caso.
II. Los barrios periféricos de los centros urbanos y económicos franceses han sido los protagonistas de una revuelta que ha puesto en cuestión la razón y la legitimidad de los estamentos y la oligarquía europea. La periferia convertida en lugar de almacenaje, no sólo de mercancías ruinosas sino de seres humanos no menos averiados, ha rebasado la mera condición separada de problema urbanístico. Los revoltosos, con la quema de edificios y coches, expresan lo que es ya un hecho indudable: su imposibilidad de gestionar su propia vida y de controlar su destino, porque su vida se desarrolla en la periferia de todo. La violencia de los revoltosos, de aquellos que juegan al escondite con las fuerzas del orden y cuyo signo distintivo es su rostro cubierto bajo las capuchas, demostró contra qué o quienes se dirigía su rechazo. Tras los ataques contra la policía (que presenció cómo las paredes comenzaban a hablar bajo la frase de “policía de mierda”) rápidamente se dio paso a la destrucción de todo aquello que los situaba, inexorablemente, frente a su realidad como grupo social. Es por esta razón por la que los sociólogos no debieran necesitar mayor investigación que la observación de los restos de la violencia y su resultado. El paisaje de guerra del que tanto hablan los medios no es otra cosa que el programa de la revuelta y las exigencias de los protagonistas, que parecen absurdos e incomprensibles sólo al que se niega a comprender, o ha comprendido demasiado bien (hasta el lavado de cerebro o el colaboracionismo) los razonamientos del poder. Basta con oír a estos chicos que supuestamente no saben ni pensar ni hablar. Así se expresan, por ejemplo, tres jóvenes del barrio 112 de Aubervilliers: “es una desgracia pero no tenemos elección, estamos dispuestos a sacrificarlo todo porque no tenemos nada (…) si un día nos organizamos, tendremos granadas, explosivos, Kaláshnikovs…nos daremos cita en la Bastilla y será la guerra”. Pero esto es lo último que espera la dominación, y por eso se empeña en emborronar un discurso que sin embargo es muy claro: se trata de que, bajo ningún concepto,pueda también llegar a ser contagioso.
III. Supermercados y centros comerciales no son sino los indicadores de la opresión económica y la falta de expectativas por acceder a las cuotas de bienestar anunciadas por republicanos y socialistas. Ante su presencia obscena estalla la constatación diaria de la escasez, del inalcanzable estado de cobertura de necesidades básicas para familias de cinco o seis miembros y un solo sueldo, de tal forma que, ante esta verdad inocultable que se vive radicalmente, la propaganda economicista se declara en quiebra y se hunde cualquier ilusión posibilista de lograr “una vida normal” que ya no existe ni existirá para nadie, igual que no se encuentran alimentos sanos o agua pura. Así, la destrucción de los grandes complejos comerciales y de consumo se transforma en la ética y la estética del rechazo, ya que niega el confort anunciado y, más aún, niega todo un modelo de vida falsificada. Por eso el pueblo francés, bajo un supuesto proyecto y destino común, se levantó el día 27 de octubre con los monstruos que crearon treinta años de políticas de exclusión social, política y económica. En este sentido, la democracia francesa (y el resto de democracias con ella) no está en crisis sino que ha sido negada de facto y por la fuerza de la violencia, y no por la violencia juvenil precisamente, sino por la que se ejerce en su nombre y bajo su coartada todos los días, en todas las dimensiones de la vida, y prácticamente sobre casi toda la población. Sólo cuando tal violencia es devuelta por el espejo de la contestación social, es cuando preocupa al poder y por tanto a la opinión pública. Cuando Sarkozy dice que “por supuesto que hay miseria, racismo, desempleo…pero nada puede justificar la violencia gratuita”, es que para el aprendiz de Thiers, sus congéneres y todos aquellos que todavía le creen, cualquier violencia que se levante contra el racismo, la pobreza, etc, etc…es y será siempre gratuita. Porque el escándalo no lo provoca el espectáculo de la pobreza, sino el estallido de los que la sufren, que inmediatamente se intenta pasar por espectacular para así desacreditarla hasta ante sus posibles cómplices. De esta manera el estado de excepción y emergencia vuelve a retirar el velo democrático de su política hacia los inmigrantes al viejo estilo colonial, como cuando administró con mano de hierro Argelia y sus colonias. En este sentido, hoy, igual que ayer, estamos con los que llamaban a la insumisión frente al gobierno francés, pero concretándolo en lo que ya es asunto de salud pública: el ataque contra el proyecto social francés, contra el proyecto social europeo.
IV. No puede sino considerarse bajo la misma línea la deliberada y obstinada acción destructora contra los centros educativos. Si los coches de segunda mano, los supermercados mal (o bien, según se mire) provistos de comida basura y quincallería barata, y los equipamientos miserables del Estado de bienestar residual son los espejismos paródicos de la abundancia y la prosperidad, los colegios y los institutos son la parodia desencarnada de la igualdad de oportunidades y de la posibilidad de ascenso social que la economía predica para no cumplir. Y el fuego que ha devorado a unos y a otros es la previsible respuesta desencantada y furiosa del que despierta de su encantamiento. “Los chavales de 15 años ven que los que tienen 25 y fueron buenos estudiantes siguen en el paro, viviendo en casa de sus padres y sin futuro”, razonaba uno de esos “irracionales” del barrio de Blanc-Mesnil de Saint-Denis, y en sus palabras encontraremos todas las razones de esa furia sin que haga falta que ningún experto añada ni una sola banalidad de más. Así, negado el futuro a los hijos de los franceses, de los inmigrantes ya legalmente franceses, ante los pasmados rostros de sus mayores, esa población potencialmente escolar que ahora ama la gasolina desprecia el sistema educativo por la misma razón que desprecia al propio Estado francés. Ellos, los bárbaros del proyecto de la “vieja Europa”, han sido estigmatizados como la racaille, es decir, la chusma, la gentuza canalla, y han aceptado ese estigma con el tradicional orgullo de los proscritos: como los “mendigos del mar” en la Holanda rebelde del siglo XVI, como los enragés de 1793 o del Mayo 68, como los punks londinenses de 1977. Ellos, los revoltosos, han recogido el testigo y han declarado que, una vez perdido el miedo a salir a la calle, han decidido pelear hasta el final. “Ha venido todo un representante de la República y nos ha llamado escoria, y lo que nosotros estamos haciendo ahora es exactamente eso, actuar como escoria. Hemos comprendido que es la forma de que nos presten atención”, dice un chaval de 15 años de Saint-Denis; “nos ha lanzado un reto y nosotros lo hemos aceptado”, contesta otro de la misma ciudad. “Puesto que somos escoria, vamos a dar trabajo en la limpieza a este racista. Las palabras hacen más daño que los golpes”, se oye en el barrio 112 de Aubervilliers. Por todas partes, la causa está entendida, todo está dicho y todo está por hacer.
V. Con un exceso de modestia o coquetería, algunos rebeldes de Aubervilliers concedían que “no tenemos palabras para explicar lo que sentimos. Sólo sabemos hablar prendiendo fuego”. Hay que decir cuando menos que tal lenguaje es elocuente y eficaz, y nadie puede pretender que no lo escucha. Sirve además para poner sobre la mesa las cuestiones molestas que nadie se atreve a hacer. Por ejemplo, los disturbios han supuesto la propaganda por el acto del urbanismo capitalista, cuya monstruosidad inhumana ya nadie puede negar, hasta el punto de que por toda Francia se están derribando esas torres de tortura de 14 pisos donde la vida sólo podía asarse a fuego lento. Nadie negará tampoco su eficacia, no sólo como campos de concentración diseñados para aislar a las personas de símismas y de los demás, sino sobre todo en su función de cárceles invisibles de las que sus presidiarios no se atreven a salir, incluso cuando se han amotinado: la aparente falta de decisión de los rebeldes de llevar los disturbios a los centros de las ciudades, allí donde más impúdicos se exhiben los símbolos de la felicidad capitalista, y más determinante es su destrucción, dice mucho del éxito psicogeográfico de las banlieus como sistemas de represión y aislamiento autorregulados.Pero el concepto de banlieu como basurero humano no se entiende sin la basura que contiene en sus límites físicos, sociales y psicológicos, y su estallido ha contribuido a derribar otro de los mitos favoritos de nuestro tiempo, repetido a veces muy imprudentemente por los que se consideran sus enemigos, a saber, que los inmigrantes “son necesarios” y hasta imprescindibles para asegurar el crecimiento económico y enriquecer la aburrida cultura europea, dando esa pizca de color y alegría que tanto gusta a los fanáticos del turismo exótico y del abigarramiento multiculturalista. Pues bien, dejando a un lado la dimensión cínicamente oportunista de tan miserable cálculo, ya estamos viendo para qué necesita el capitalismo a estos inmigrantes, a sus hijos y a sus nietos, qué utilidad quiere dar la economía a estos franceses de tercera generación: ni siquiera se toma la molestia de explotarlos, ya que le salen más baratos sus hermanos de raza que malviven en África o Asia, y el uso masivo de una tecnología que arrasa tanto recursos naturales como biografías humanas. El único enriquecimiento que el orden espera de ellos es el “crecimiento” a una escala cada vez mayor del famoso ejército de reserva de parados, y el “desarrollo” de la panoplia de terrores securitarios con los que atormentar a la población indígena que también vive en la cuerda floja, para que se mantenga disciplinada y bajo las faldas del Estado policial. Esto es de lo que se dan cuenta los rebeldes de los suburbios: los “treinta gloriosos” y los “milagros económicos” de la Europa de la segunda posguerra y sus espejismos de prosperidad, bienestar y justicia social nunca volverán, no hay margen posible bajo el capitalismo bulímico y ecocida para las promesas reformistas de los políticos y de los arbitristas bienpensantes de la progresía. Como decía el joven antes citado del barrio de Blanc-Mesnil, “la mala situación económica hace que por primera vez haya franceses haciendo el trabajo que antes sólo hacíamos los emigrantes”. Por primera…pero no por última. Cuando vemos cómo por todo ese nuevo mundo feliz occidental cierran las fábricas y se adelgazan las plantillas, cuando comprobamos cómo los escasos “afortunados” que logran el ansiado empleo temporal trabajan 10 y 12 horas por todos aquellos que se quedan aparcados en el paro, entonces no queda más remedio que aceptar, y lo mejor para todos nosotros es hacerlo ya y sin excusas, que cuando el poder habla de modelos de integración de los inmigrantes, reinserción social, reactivación de los barrios bajos, y cualquier otra patraña parecida, simplemente está volviendo a vender humo a nuestra costa. Y ese humo es infinitamente más irrespirable y nocivo que el que ha salido de las hogueras que se han prendido en los suburbios. Así por ejemplo, un sociólogo (y encima de origen argelino) cree encontrar la piedra filosofal asegurando que “hay que eliminar los guetos y hacerlo sin complejos. No se trata de rehabilitar estos horribles edificios de hormigón, hay que derribarlos y tener la capacidad para convencer a la gente que vive en ellos de que su futuro será mejor fuera del gueto, dentro de la ciudad y lejos de los suburbios. Los guetos sólo desaparecen de una manera: fundiéndolos con la ciudad”. ¡Nada menos!, porque semejante reforma, que no sería tal sino ruptura revolucionaria con el mundo desfigurado del capital, exigiría la fundición del orden totalitario que diseña, construye y necesita esos guetos, por lo que podemos preguntarnos quién es el ingenuo, si los críos obtusos y embrutecidos de la ciudad dormitorio, o el hábil sociólogo; sea como fuere, mientras que las autoridades deciden si hacen caso o no de tan brillantes perogrulladas, parece que cierta juventud ya está lo suficientemente convencida de que su futuro no está en el suburbio, y por eso ha empezado a destruirlo sin complejos. La lucidez, como la acción, ha cambiado esta vez de bando: se trata ahora de constatar hasta qué punto lo ha hecho y en qué medida se ha transmitido a quienes, por ahora, no se han sumado al combate.
VI. Pero si el bando que debe perder es capaz de mostrar alguna lucidez, aunque sea parcial, aunque se refiera más a lo que se odia que a lo que se desea, entonces hay que neutralizar sus razones y sus actos por todos los medios, anegándolos bajo el consabido tsunami de mentiras y bajezas. Sólo nos ha sorprendido relativamente que algunas de esas infamias provengan de los así llamados revolucionarios, que se rebajan difamando a los revoltosos tachándolos de quemacoches al servicio del Estado y sus estrategias policíacas de provocación y miedo. Sin descender a tanta y tan obvia podredumbre, que parece contentarse con que el oprimido rumie en manso silencio su humillación cotidiana hasta que el lenin de turno (y de bolsillo) dé permiso para iniciar el levantamiento, es necesario discutir otros lugares comunes que, por serlos, alcanzan a un número mucho mayor de personas a las que la dominación desea quitar cualquier tentación de comprensión o simpatía hacia los rebeldes. Es evidente que el espantajo de la violencia es el plato fuerte de cualquier menú que se prepare para tales menesteres de intoxicación ideológica y miedo social. Violencia que, sin embargo, los pocos observadores honestos han reconocido como mucho menos salvaje e indiscriminada de lo que se ha dicho, y ejercida además, en general, con plena conciencia de la gravedad y consecuencias de la misma: “es una desgracia”, admitían los jóvenes deAubervilliers, y como ellos muchos otros, sin rastro de exhibicionismo o crueldad. Nada tiene que ver por otro lado una violencia colectiva y espontánea que se levanta contra la opresión cotidiana que un buen día ya no se soporta más, por muy lamentables y arbitrarios que sean sus daños colaterales, y la violencia sistemática, hobbesiana y gangsteril de las bandas neofeudales y misóginas toleradas (y alentadas) por el poder. Más bien todo lo contrario, pues lo que ha sucedido no es el despliegue habitual de anomia afectiva, sensibilidad descompuesta, agresividad tribal, matonismo chulesco y aburrimiento letal que coexisten junto con otras realidades muy distintas en los suburbios (sería asombroso que en un mundo en ruinas aquellos que sobreviven bajo los más hondos cascotes se mantuvieran absolutamente puros, para mayor sosiego espiritual de los que todavía vegetan en los estratos superiores), miserias que han sido metabolizadas (y banalizadas) como una desgracia natural inevitable por los mismos que tanto se escandalizan ahora, sino el intento de su abolición por la vía práctica del enfrentamiento a cara de perro con el sistema que ha engendrado esas lacras (de las que por cierto nadie está exento) y todas las demás. Es por esta razón que esa violencia, antes tan llevadera, tan irrelevante para los jerarcas de la dominación que no suelen vivir allí (y algo menos para los que la sufren como propina adicional del terror que les administra el Estado y la economía), se revela de repente como intolerable. Por eso el espectáculo se ha regodeado con las imágenes, a veces dolorosas, a veces miserabilistas, de colegios y guarderías quemadas, buscando la empatía fácil y el reflejo condicionado contra los rebeldes, pero se ha cuidado muy mucho de hablar, por ejemplo, de las sucursales bancarias que también han ardido (si no lo han hecho más, es porque hasta los bancos desertan de las banlieus). Por otra parte, no deja de tener cierto interés que los últimos informes judiciales ofrezcan un retrato sociológico de la revuelta en las antípodas de los clichés que se nos quieren vender: entre los primeros encarcelados, hay 562 adultos por 577 menores, y “la mayor parte de estos menores no tenían ningún tipo de ficha policial, estaban escolarizados en centros de formación profesional o incluso realizaban estancias de aprendizaje y no procedían de familias especialmente desestructuradas, ni tampoco polígamas, como se apuntó desde un miembro del gobierno” (El País, 27-11-2005). Según estos datos, si clases peligrosas ha habido en esta revuelta, han sido las de siempre, lo que no impide (ni nos da ni frío ni calor), por supuesto, que aquellos que el poder llama “delincuentes juveniles” aportaran su granito de arena. Pero da la impresión de que aquellas bandas que en efecto atormentan la vida cotidiana de los habitantes de los suburbios (especialmente de las mujeres, bajo el fuego cruzado del integrismo islámico y de la violencia sexual neomachista), no son las que más se han destacado precisamente: quizás porque son antes bien los socios de la policía que sus enemigos. Da lo mismo. “No somos vándalos, somos rebeldes”, intentaban aclarar los de Aubervilliers. Nadie les hará caso: para su desgracia o no, ser rebelde hoy pasa necesariamente por ser también vándalo.
VII. Como era de esperar en una sociedad que adula a la juventud por su “rebeldía” siempre que la consuma virtualmente y no pretenda experimentarla en la realidad, el origen juvenil y adolescente de los protagonistas de la revuelta también está siendo utilizado para desacreditarla. Se insiste así en su infantilismo, expresado no sólo en el absurdo aparente de la destrucción indiscriminada, sino también en el carácter de juego inconsciente y emulación compulsiva que demuestra. A continuación se habla de los juegos de ordenador, de la realidad virtual, de la “generación game-boy”, de los “pobres chavales” autistas que reflejan en su violencia ciega los mecanismos de deshumanización y competitividad que han aprendido de la misma sociedad que les aniquila, porque todo lo explica y a plena satisfacción la playstation maldita, como si sólo los cabecitas negras del arrabal jugaran con esos chismes, o fueran los únicos afectados por su radiación venenosa. Se utilizan de paso las propias palabras de los jóvenes suburbiales, que se quieren entender única y exclusivamente en el sentido que más conviene, cerrando el paso a cualquier otra interpretación que matice o corrija la versión interesada. Pues si es cierto que en estos comportamientos puede haber mucho de la herencia maldita del vacío encarnado en la irresponsabilidad de mercado y en la adicción enfermiza a la ultraviolencia, igual que pueden dar pie a su recuperación bajo la forma mediática y comercializable de nuevos y excitantes deportes de riesgo, no lo es menos que se deben también a otras instancias, y que entroncan con otros árboles genealógicos. En efecto, los desafíos entre las bandas rebeldes para ver quien ofrece los fuegos artificiales más fastuosos a sus vecinos, quemando los trofeos de la riqueza y del poder, pueden venir tanto de la contaminación mediática como ser la gozosa reactualización de la institución del potlach, y, si salvajes son, que se les conceda al menos el derecho de regresión a las viejas y buenas costumbres de los pueblos primitivos, sin ponerles bajo la perpetua sospecha de cretinismo multimedia. Pero fue Fourier quien mejor explicó las virtudes de la sana emulación entre los grupos revolucionarios que se retan en el juego de la subversión, y por una vez que no ha sido la economía quien ha recuperado sus teorías (y poco importa si a Fourier se le lee o no en el gueto: las buenas ideas, si los son, siempre acaban encontrando a quien las confirma en la práctica), no vamos a escandalizarnos…De la misma manera, los expertos aprovechan un comentario de los revoltosos acerca de que prefieren quemar coches en vez de contenedores “porque hacen mucho más ruido”, para reírse de esos jovenzuelos que confunden la realidad prosaica con los efectos especiales de la consola, cuando el principio básico de toda guerrilla que se precie es hacer el mayor daño posible, llamar la máxima atención, con el menor coste en los medios utilizados. En todo caso, y como se ha sugerido ya, no es tan malo que ciertas quimeras del inconsciente colectivo, que a veces se cuelan por la pantalla aparentemente más banal en la forma del rap o de la mitología degradada de Matrix, empiecen a materializarse en la calle, especialmente si se trata de los fantasmas de la subversión. ¿Acaso lo imaginario no era lo que tendía a ser real?
VIII. Sin duda es mucho más perniciosa esa mala reputación que acusa a los jóvenes de estar separados de sus padres y de las generaciones adultas, y a todos los negros y magrebíes de estarlo respecto a sus vecinos blancos. Respecto a lo primero, se ha puesto en primer plano la angustia de la joven madre soltera ante la guardería quemada, o la del trabajador ante el utilitario abrasado, imprescindible para su supervivencia. Hay que entender tal angustia y tal desesperación en unas gentes que los golpes han moldeado demasiado bien, y que por una intuición muchas veces acertada sólo esperan del acontecimiento nuevo lo malo de siempre. Pero teniendo razones, la razón decisiva no está de su lado sino de sus hijos, pues aunque dolor cause, pretende terminar con el dolor y con sus causas. En este sentido, como en la Intifada palestina de los años 80 o el levantamiento antirracista del Soweto de 1976, la revuelta lo ha sido tanto contra los padres como contra el Estado, el racismo y la economía, en cuanto que los adolescentes rabiosos han hecho lo que las generaciones anteriores, en su gran mayoría, no se atrevieron o no pudieron hacer. Así, cuando se habla del déficit de autoridad de los cabezas de familia “porque no llevan un sueldo a casa”, no se cita otro tipo de respeto, tan importante o más que el anterior: el que nace de la resistencia cotidiana a la opresión, que, aun desde la derrota, se transmite a los hijos como el mejor ejemplo que se puede dar en la vida. Hay aquí un desgarro generacional que no puede satisfacernos, puesto que su mantenimiento y exacerbación conviene, sobre todo, al sistema que lo ha hecho nacer; pero es un desgarro del que en último término estos adolescentes no tienen la culpa, más bien son su producto y, tal vez, su solución, a poco que tal brecha se colme y la ira con ella. Por otro lado, sería verdaderamente sorprendente que los medios de comunicación dieran voz a los vecinos que sí puedan estar de acuerdo, en mayor o menor grado, con la revuelta de sus hijos; al contrario, siempre enfocarán al que se queja y no comprende tanta furia desatada. Sin embargo, como en todas las revueltas de este tipo, esas complicidades existen, y no hay mejor ejemplo que la ridícula concentración “por el fin de la violencia y la discriminación” convocada el día 11 de octubre por Banlieues Respects, “un colectivo de 165 asociaciones sociales de los barrios de las periferias de las grandes ciudades francesas”. Como un periódico tuvo que admitir con desgana, tal demostración de fuerza de la mayoría silenciosa, adulta y reformista de las banlieu atrajo a…”no más de 300 personas, de los cuales una buena parte eran miembros de los medios de comunicación, y pocos los que habían viajado desde las zonas que han sufrido la violencia de estas dos últimas semanas”. La anunciada Marcha de la Paz que debía seguir a esta concentración “fue anulada”. Sobran los comentarios.
IX. Podríamos decir algo parecido respecto a los que rebuznan que esta revuelta sólo es la expresión de las tribus negras y árabes, sin relación posible con los proletarios franceses de pura cepa y sus “luchas”, y que por lo tanto está aislada y no puede tener trascendencia alguna. En realidad, como en la rebelión de Los Ángeles de 1992, o en los disturbiosde Brixton de 1981, los jóvenes blancos perdedores se han sumado a la rebelión con tanto ímpetu como sus hermanos de otro color, mal que les pese a Le Pen, a los islamistas y al Estado, que medran por igual de las separaciones étnicas artificiales y sólo temen que puedan disolverse primero para disolver después el chantaje económico. Y así a veces, las buenas noticias son tan buenas que ni el espectáculo puede ocultarlas por completo. “El perfil sociológico de los detenidos corresponde a la población de los suburbios: abundan los jóvenes hijos de emigrantes, pero también los apellidos estrictamente franceses, los cabellos rubios y los ojos claros”, reconocía con no menos desgana el mismo periódico. No es otra cosa la que se escucha en los arrabales. “Los alborotadores son magrebíes y subsaharianos, pero también franceses de toda la vida que, hartos de tanta injusticia, salen a la calle; en este barrio todos sufrimos la injusticia”, se dice en la banlieu de Toulouse, como se podría decir en cualquier otra parte donde reine la miseria pero todavía no la resignación. Lo mismo valdría para la tan cacareada inspiración islamista de los disturbios: ninguna prueba lo confirma, y los insurrectos se han cansado de desmentirlo con sus palabras (“nadie nos controla, ni los caids de la droga ni los imanes islamistas”) y con sus actos (no haciendo ningún caso de los llamamientos a la calma de las mezquitas y sus fatuas adormecedoras al mejor estilo de los estalinistas de antaño). Pero lo que importa es negar la evidencia y, mejor aún, suprimir las palabras del suburbio y su sentido: éstos que son invisibles, que no importan, tampoco tienen por qué hablar y mucho menos ser oídos. Ni entendidos.
X. Al mismo tiempo que los modernos proletarios de Europa jugaban con fuego y “se quemaban”, en Asturias varios mineros se encerraban en protesta por sus condiciones laborales y de vida. Estos hechos visualizan la evolución del concepto de clase y de la conciencia de la explotación por parte de los derrotados. Vieja y nueva clase toman su relevo y adelantan lo que será una realidad en unos cuantos años en todo el continente. Pero en este baile, los bailarines se mezclan formándose parejas inesperadas y prometedoras: si ponemos en relación la negatividad de los motines que nos es vendida como suicida, nihilista y enloquecida, con otros conflictos sociales que sólo merecen ese nombre porque comparten la misma desesperación, empezaremos a ver más claro. En efecto, más allá de que provengan de una misma opresión, no tiene mucho sentido relacionar las actuales revueltas con las huelgas generales de aquí o de allá, las marchas de parados o las performances reivindicativas de los tunos de Bellas Artes: mejor hacerlo con conflictos como el de la fábrica de Cellatex en julio de 2000,donde los trabajadores amenazados de despido amenazaron a su vez con volar la fábrica y los productos químicos que albergaba si no se les daba una salida mínimamente digna, arrojando al río un poco de sosa cáustica y de ácido sulfúrico para demostrar que la pantomima no era su fuerte, excelente ejemplo que fue seguido por los obreros de la Moulinex de Cormelles (que incendiaron parte de las instalaciones) o los de la fábrica de cerveza alsaciana de Adelshoffen (que se aprovisionaron de bombonas de gas por si acaso), por no citar sino los conflictos más famosos de una reacción en cadena de “terrorismo social” (como lo llama el siniestro European Foundation for the Improvement of Living and Working Conditions, ellos saben por qué) animada por el “síndrome Cellatex” en el verano de 2000, y que se prolongará al año siguiente en las factorías textiles de la firma Mossley con la quema de máquinas, mercancías y oficinas. También los periódicos (y los ecologistas orgánicos y losrevolucionarios del Régimen) hablaron en estos casos de suicidio, nihilismo, locura, como lo hacen siempre que se encuentran con lo incontrolable que hoy, por desgracia, tiene que presentarse con tan oscuros títulos para serlo de verdad. Las mismas acusaciones se lanzan, por ahora en Francia o Inglaterra y muy pronto por todas partes, contra esos nuevos obreros salidos de los suburbios, malos estudiantes ayer y peores trabajadores ahora, que no contentos con escaquearse todo lo que pueden escuchando y bailando música, bebiendo vino o hablando por el móvil, saltan sin previo aviso e “irracionalmente” a la mínima provocación de sus capataces, sin dudar en recurrir a la violencia y sin pararse a pensar en las obvias consecuencias de despido y, si las cosas han ido demasiado lejos, cárcel (1). No discutiremos que tal negatividad sea a su vez reflejo de la negación de la vida que practica el capitalismo, y que en sí es insuficiente. Pero nos interesa señalar que existe, y que existe fuera de todo cálculo y de toda razón, especialmente de la Razón de Estado (2), y que es en esa existencia y no en otra parte donde podrán encontrarse, si lo hacen, las diferentes revueltas, los verdaderos deseos, las nuevas utopías. Por nuestra parte, y para empezar, sólo podemos volver a decir que no será el miedo a caer en la ingenuidad el que nos haga bajar tales banderas.
XI. La cantinela mediática gusta también de mostrar un hipócrita asombro ante la destrucción “gratuita” (¿ahora también hay que pagar para participar en un levantamiento?) de los mismos barrios y propiedades de los alborotadores, calamidad incomprensible propia de estos tiempos desnortados. Se dice además que esta destrucción ciega es inédita en la historia, que nada parecido había pasado antes en ninguna revuelta, y menos en una revolución; y que este dato vuelve a demostrar el carácter alienado y alienante de estos desenfrenos de furia baldía, buena para nadie, si no lo es para la dominación que en última instancia, quién si no, ha teledirigido los acontecimientos. Dejando a un lado las consideraciones que ya hemos apuntado sobre el valor de uso real de esos barrios y esas propiedades, así como del problema de la violencia que el poder llama irracional porque no es suya, habría que preguntarse ahora dónde está esa supuesta novedad histórica en el comportamiento de estos nuevos bárbaros, novedad que les descalificaría irremisiblemente ante el recuerdo de otros bárbaros que, si lo eran, eran bárbaros ilustrados, homologados, diríamos que de pata negra para esos buenos conoisseurs universitarios aficionados a la Historia Social que se deleitan con las luchas pasadas para aborrecer las actuales y, sobre todo, las futuras. Porque, ¿cómo se comportaban acaso los rebeldes de Los Ángeles de 1992? ¿Y los de Brixton, Toxteth, Lyon o Marsella en 1981? ¿Y los vecinos rabiosos del barrio de Watts de L. A. en 1965? ¿Y los de los guetos del Johannesburgo de los tiempos del apartheid? ¿Y las mil y una batallas de la guerra civil perpetua que se libra en las villas miserias, favelas y bidonvilles de todo el tercer mundo, del caracazo de 1989 al estallido de la Argentina de diciembre de 2001? ¿Y las mismas sufragistas de principios del siglo XX, burguesas que destruían escaparates y mercancías burguesas en nombre de unos derechos –que fueran limitados es otra cuestión- que la burguesía patriarcal no quería reconocer? Y esto por no hablar de otros movimientos que tenían las ideas más claras, la sangre más caliente y los puños más prontos. No hay nada nuevo en estos furores: los marginados suelen empezar por destruir el decorado deprimente e insoportable de su marginación, iniciando de paso la reapropiación urgente de los bienes de primera necesidad por la vía del saqueo y del pillaje, lo que siempre es muy bueno, aunque no acierten después a destruir todo lo demás, lo que sería mucho mejor.
XII. Lo que dice esta gente tampoco resulta desconocido. “No queremos dialogar con el gobierno; nuestros padres, nuestras familias ya han recibido demasiados abusos tras sus discursos. El diálogo se ha roto definitivamente, no penséis en adormecernos. No podréis manipularnos, a pesar de la utilización de imanes y portavoces que empujáis a que hagan llamamientos a la calma (...) La sociedad nos ha creado, lo que prueba que esta civilización corre a su pérdida. No tenemos nada que perder, preferimos morir rodeados de sangre que de mierda”, aclaraba un panfleto firmado por unos “Combatientes de la revuelta del 93”, y esas palabras se han pronunciado en otras bocas y en otros tiempos y lugares (3): por ejemplo y para no ser reiterativos, este mismo año en Nueva Orleáns, donde otra “canalla”, por razones distintas pero no tanto, también saqueó. No vamos a caer en la adulación y en la tentación de afirmar que estas palabras y estos actos constituyan el único programa revolucionario posible. Todo lo contrario: quizás sea el que más se equivoca, precisamente por ser el más radical. Pero es que la guerra social hoy es así: fea, vulgar, equívoca, tan convulsiva como episódica, lastrada por mil adulteraciones del abyecto espíritu de la época, y seguramente condenada al fracaso, una y otra vez. Sin embargo, más allá de cualquier aprobación o condena teórica, práctica, moral, estética o pret-a-porter, es la guerra social que nos ha tocado vivir en el peor de los mundos posibles, porque es el que menos opciones da y dará para su hipotética superación. Negar una revuelta que pasará a la historia como la primera gran toma de conciencia en Europa por parte de sus nuevos explotados, que ha obligado al Estado a tomar medidas de excepción que no se adoptaron ni en el mayo 68 (decisión que, no lo dudemos, nunca agrada al poder en cuanto que permite atisbar que no está tan seguro de sí mismo y que le castañean los dientes al primer atisbo de enfrentamiento serio), que se ha contagiado a otros países, que no va a desaparecer tan fácilmente de la memoria de los insurrectos por mucho que se empeñe el espectáculo, y que ni siquiera ha terminado sino que se ha transformado en una revuelta de baja intensidad, negar su cualidad radical porque hay platos rotos, o porque falta programa, programa, programa, o porque no se aprecian sus frutos inmediatos, o porque tenga efectos “contraproducentes” cuando lo verdaderamente contraproducente es que se extinga la idea misma y la práctica real de la revuelta, es falsificar el problema en vez de ayudar a su resolución.
La revuelta ha llegado, y lo ha hecho para quedarse. Los inmigrantes, y con ellos todos los proletarios que a base de sangre, sudor y lágrimas reaprenden que lo son, han pasado de dar las gracias a exigir su derecho a vivir. Por todos los medios necesarios. El dilema es bien sencillo y ya se planteó en 1977: ¿Te haces con la situación o acatas órdenes? ¿Vas hacia atrás o vas hacia delante?

NOTAS
1. Hasta tal punto ha llegado la “falta de respeto” y la ingobernabilidad de estos trabajadores sauvageons (salvajes, insociables) salidos de las banlieus, que se ha propagado una ola de depresiones y bajas laborales entre los jefes de personal y de recursos (in)humanos. El síndrome de la enfermedad vergonzosa, la llaman, porque ningún directivo quiere reconocer que ahora, por una vez y para que sirva de precedente, es él el maltratado en vez del maltratador. Un detallado análisis de tan delicioso fenómeno puede ser leído en Echanges nº 99, invierno 2001-2002: Cuando las empresas buscaban asalariados “honestos y manejables”, H. S.
2. Debería ser innecesario contestar a los reprimidos y a los tristes que sólo ven en las revueltas única y exclusivamente las maniobras del poder, que se serviría de ellas para dirimir rencillas dentro del gobierno francés, facilitar el control parapolicial de mafias y mullahs, o incluso hasta para lanzar un Plan Renove más grosero de lo habitual. Maniobras hay, y para todos los gustos. Pero también acción autónoma de los resentidos con causa, porque de ninguna manera toda reacción popular está ya prevista y descontada por el poder. Tal apriorismo significaría, como decía el Grupo Surrealista de Chicago ante parecidas acusaciones en los días del levantamiento de Los Ángeles, “reducir a las masas al estado de meros objetos de la historia, víctimas inevitables de una autoridad omnipotente” (Tres días que estremecieron el nuevo orden mundial, 1992). Puede que así lo sean a veces, pero no siempre, ni totalmente. Por eso se rebelan: ese es el único sentido de la historia que todavía les queda, y es que, en materia de rebelión, ninguno de ellos necesita antepasados. No es poco: si a los insurrectos les falta tal vez teoría revolucionaria (y a quién no), les sobra en cambio, como a sus camaradas de Los Ángeles, una nueva conciencia radical que no admite recuperación posible.
3. “Para el poder y los que piensan como él, los saqueadores del 1 de diciembre no se oponían a nada, puesto que nada reivindicaban (…) Y en efecto, si no han rechazado nada en particular es porque rechazan todo lo que emana del pútrido orden mercantil, amo y señor de todo lo que existe. Los amotinados habían abandonado toda consigna particular y plasmaron en la fachada del edificio saqueado el programa que habían esbozado sobre el terreno: “Muerte al Kapital” (Defensa incondicional de los vándalos del 1 de diciembre, diciembre de 1988, Unos Caníbales). “Algunos imbéciles afirman que la juventud de hoy no tiene que rebelarse, sino integrarse. ¿Integrarse a qué? ¿A un barco que ha naufragado? ¿Al comercio polucionante que llamamos economía? ¿A esta película inconsistente donde el aburrimiento lujoso de una minoría prospera sobre la opresión real de la mayoría de la humanidad que llamamos sociedad moderna? En esto consiste el equilibrio: en la domesticación de los seres humanos” (Volcán de otoño, diciembre de 1986, Marie-Jeanne).“Provocadores, anarquistas, comunistas, punks, rojos, heavys, mods, rockers, macarras y sinvergüenzas, toda esa fauna nos concentramos allí, no sólo por reivindicaciones estudiantiles, sino porque también estamos hartos del paro, de la mili, de la democracia burguesa, de la represión policial, de las cárceles (…) Y es que está muy claro: no hay futuro para nosotros. La violencia estatal genera violencia en la calle. Si se desata nuestra violencia es porque tenemos que sufrir la violencia social día a día. No se extrañen, pues, del vandalismo de los jóvenes. Cabría preguntarse quien es el más vándalo aquí, si nosotros o el sistema en el que, por desgracia, nos ha tocado vivir. Que no digan que la violencia nunca está justificada, porque en nuestro ambiente la violencia es obligada” (declaraciones de un joven “provocador” a El País, citado por Miguel Amorós en Informe sobre el movimiento estudiantil, 1987). “No tenemos ningún porvenir que pueda calmarnos. Nos quieren carne de fábrica o carne de prisión: y no queremos ser ni la una ni la otra. Escandalizamos, porque no tenemos ningún fin positivo cuya satisfacción pudieran administrar nuestros enemigos. Somos totalmente negativos, y ahí reside nuestra fuerza” (Expedición sin retorno, otoño de 1981, Les fossoyeurs du viex monde). Releyendo estas declaraciones, tan similares a las de hoy, que se escribieron y dijeron en otras épocas y respecto a otros conflictos (un motín en Zaragoza que desbordó la campaña de preparación de la huelga general del 14-D de 1988, las manifestaciones estudiantiles francesas de 1986 y españolas del año siguiente, las revueltas inglesas y francesas de 1981), hay que reconocer que los insurrectos de 2005 no viven completamente sumergidos en el vacío de la memoria histórica del que se ha hablado (y que en efecto existe), ni han olvidado las viejas verdades antipolíticas de la guerra social: al menos, saben recordarlas por intuición, o las redescubren en la calle por necesidad. Los dos procesos suelen actuar unidos.

Manifiesto colectivo:
Grupo Surrealista de MadridColectivo de Trabajadores Culturales La Felguera (Madrid-Tenerife)Oxígeno (Logroño)Las malas compañías de Durruti (Logroño-Zaragoza)Fahrenheit 451 (Madrid)

Publicado originalmente en: Kaos en la red http://www.esfazil.com/kaos/ Posted by Picasa

sábado, noviembre 26, 2005

La superación de la fragmentación de la izquierda radical


Una manifestación obrera con Agustín Tosco a la cabeza (Córdoba, principios de los 70).

"Para lograr la unidad es necesario conocer al otro, hacer concesiones y llegar a acuerdos"... ¡Este es el motivo por el que nació Kaosenlared!

Francisco Umpiérrez Sánchez *

Cuando vemos las revueltas de las capas pobres y marginadas de la población francesa, cuando vemos que se producen estos aislados acontecimientos de flagrante lucha de clases, cuando vemos una clara manifestación de la oposición extrema entre trabajo y capital, vemos al mismo tiempo que no existe ninguna vanguardia de izquierda que sepa rentabilizar estas energías sociales. Como tampoco hay una vanguardia que pueda y sepa reflejar el significado de estos conatos de luchas de clases en los grandes centros del poder: en los parlamentos y en los medios de comunicación de masas. El lado subjetivo de la revolución sigue siendo en los países de la UE un lado poco desarrollado, poco firme y poco fuerte. Así que ya va siendo hora de dejar la ilusión de que la revolución llegará de espontáneas explosiones sociales. Hay que tomar conciencia de que el problema está en la subjetividad de la izquierda radical, en su falta de desarrollo político y en su pobreza teórica.
Las vanguardias de la izquierda radical no pueden seguir practicando la política de la marginalidad, transitando siempre por los arcenes de las grandes autopistas del capitalismo, viendo las cosas desde fuera y a distancia. Esta práctica política sólo genera impotencia y desesperación en esas vanguardias y en sus reducidas bases sociales, quienes cada vez ven más lejos la revolución socialista y terminan por pensar que por muchas calamidades, miserias y explosiones sociales que haya en este mundo, este mundo seguirá siendo capitalista. Esta es la causa principal de la deserción en las fuerzas de la izquierda radical y de que éstas nunca terminen por arrancar.
Si la izquierda radical quiere superar la marginalidad tiene que abrir caminos que la lleven al otro, al capitalista, para aprender lo que sabe del mundo y conocer cuáles son sus intereses. Es imposible luchar con el otro y llegar a cuerdos con él, si se desconoce su forma de pensar, sus necesidades, intereses e ilusiones. El desconocimiento del otro sólo provoca aislamiento. Y el que vive aislado sólo se escucha a sí mismo y cree, en consecuencia, que la verdad está enteramente de su parte. Aclaro que hablo del capitalista en sentido ideológico, esto es, como mentalidad y forma de ser social. Pues ocurre que hay trabajadores con una mentalidad capitalista extrema y capitalistas que hacen concesiones al socialismo. Hay que ser muy sutil en el descubrimiento de las tendencias que nos llevan al socialismo. No debemos olvidar la enseñanza del Manifiesto Comunista, donde se habla de socialismo burgués. Hay distintas clases de socialismo, y el burgués es uno de ellos. Es claro, por tanto, que si queremos conquistar la confianza y el respeto del otro, del burgués, nos debemos apoyar en los modos de su pensamiento que apuntan hacia el socialismo. No debemos ver en el capitalista a una persona absolutamente capitalista, como si todo su cuerpo y su alma estuvieran bañados sólo con el color capitalista, sino a una persona que abriga varias tendencias, aunque la capitalista sea la preponderante.
Creo que el espíritu que anima este artículo es el mismo que animó el artículo de Marcelo Colussi, titulado "La fragmentación perpetua: vicio de la izquierda" y publicado en Rebelión -http://www.rabelion.org- 15 de noviembre de 2005. Pone manifiesto Colussi la esencia de la izquierda radical: su continua fragmentación, la generación de diferencias abismales entre sus diversas tendencias por causas nimias, y la propensión de sus líderes a dárselas de revolucionarios más que nadie. Esto es sectarismo. Si continuamente se fragmentan, se demuestra su incapacidad para llegar a acuerdos. Y si las diversas tendencias de la izquierda radical no son capaces de ponerse de acuerdo entre ellas mismas, resulta inimaginable que puedan llegar a acuerdos con la pequeña burguesía y con los grandes capitalistas. ¡Cómo se supera esta situación? Sólo si los líderes de la izquierda radical se hacen con el compromiso firme de saber cómo piensan los capitalistas y cuáles son sus necesidades e intereses. No hay otro camino que el conocimiento del otro para superar el sectarismo. Cuando Colussi se pregunta por qué la derecha se une ante las grandes urgencias de la lucha de clases y la izquierda radical no, la respuesta está en que los líderes de la izquierda radical no conocen al otro, no saben hacer concesiones y llegar a acuerdos con elotro. Y la respuesta a la segunda pregunta de Colussi, ¿qué se puede hacer al respecto? La respuesta está dada en la respuesta a la primera pregunta: para superar la falta de unidad hay que conocer al otro, hacer concesiones y llegar a acuerdos con él. No hay más ciencia. Pero esta es una asignatura muy dificil para las personas que tienen muy arraigada la mentalidad sectaria.

* Rebelión - Kaosenlared
http://www.kaosenlared.net/

La prensa partidaria en la Córdoba rebelde: La Revista Posición (1972-1974)

Por Diego Salerno *  El examen de la experiencia político-cultural de la revista Posición es el principal objetivo de nuestra investigación...