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Panorama desde el Norte: Vida cotidiana con sordera, perplejidad y miedo


Foto: Steve Simon

Por Mempo Giardinelli *

Los pocos argentinos que andan por aquí (esta página se escribe desde Vermont, Estados Unidos), no dejan de comentar el precioso espectáculo del Empire State iluminado con los colores de nuestra bandera celeste y blanca por tres noches seguidas. El simbólico edificio se mostró bellísimo ahora que, por primera vez, Nueva York celebró nuestra Independencia como lo hace con las de muchas otras comunidades de inmigrantes. Esto le apuntó, de paso, un poroto más a la austera pero eficaz gestión consular de Héctor Timerman.

Pero lo más impactante que se aprecia aquí es la sordera del poder: esa especie de autismo fundamentalista en el que parece vivir la administración Bush, pero que, bien mirado, sólo encubre el ascenso y consolidación de un autoritarismo hasta ahora sin frenos.
Éste me parece, hoy, el gran tema de este gran país: el enorme cambio que ha producido en esta sociedad el horror desatado por el terrorismo hace cuatro años, y que ahora, en estos días, reproducen las repudiables bombas en Londres, que dejan otro tendal de muertos y heridos inocentes. Muchos norteamericanos inteligentes y agudos piensan y explican, aunque en voz baja, que el mayor y más peligroso fenómeno contemporáneo es que terroristas y algunos estadistas se igualan en sordera.
Desde que terminó la Guerra Fría y Europa comenzó a domesticarse -con la acaso única excepción de Francia (hasta ahora)- el mundo cambió radicalmente y a eso todos lo sabemos. Pero lo que no se sabe, al menos en nuestro país, es que los Estados Unidos, forzando mutaciones en la geopolítica mundial, también han cambiado muchísimo. Y de una manera que tiene a la mitad de esta nación perpleja y asustada.

Son notables los cambios en la vida cotidiana estadounidense. En los últimos 20 años he visitado este país muchísimas veces, y he aprendido a conocerlo y amarlo en sus mejores expresiones y personas. Son ellos mismos los que ahora señalan, alarmados, cómo aquel espíritu liberal y
emprendedor hoy parece, por lo menos, trastabillar. Hoy no es nada raro encontrar académicos y estudiantes en posiciones rígidas, estrechos, muchas veces falsos en su obsesión por ser “políticamente correctos”.
Cierto que toda generalización es riesgosa, pero a mi observación añado testimonios de amigos y amigas, gente tradicionalmente abierta y crítica que hoy calla o confiesa sentir temor. Lo que se comprende, porque están pasando cosas alarmantes. Como una ley reciente que obliga a que todas las bibliotecas deban brindar -si las autoridades lo requieren- informes completos sobre los libros y revistas que ha sacado y leído cada uno de sus lectores.
En algunos condados rurales del Medio Oeste (Kansas) algunas comunidades ultraconservadoras votaron que en sus escuelas no se enseñe más ninguna forma de “evolucionismo” y sólo se inculce un “creacionismo” primitivo y anticientífico. Y nadie, pero nadie, apuesta a que la cercana elección de dos nuevos magistrados en la Corte Suprema de Justicia no recaiga en figuras de ultraderecha.

Hoy Watergate no sería posible. En las últimas semanas una periodista de la revista Time acabó en la cárcel por no revelar sus fuentes. Esto dio por tierra con una ejemplar tradición de libertad de prensa y es un retroceso que espanta a casi todos y -dicen algunos- también “a muchos que no lo dicen, pero lo piensan”.
Hay que sumar aún el descomunal desarrollo militar norteamericano que en cierto modo ha militarizado la vida cotidiana. Según el Base Structure Report de 2005, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos “es uno de los más grandes terratenientes del mundo, con más de 571.900 instalaciones distribuidas en 3740 sitios, cubriendo 30 millones de acres". Con casi un millón y medio de soldados activos, los Estados Unidos tienen hoy unos 400.000 fuera de sus fronteras. El total de bases en el exterior pasó de 702 en 2003 a 770 en 2005 y en más de 40 países. Y el presupuesto de gastos militares para 2006 será de 542 mil millones de dólares, cantidad que equivale a la suma de todos los presupuestos de defensa de todos los países del resto del mundo.
Y además, como bien señaló hace unos días el distinguido colega de esta revista * Juan Gabriel Tokatlián, en un impresionante artículo en el diario La Nación (de donde se tomaron los datos anteriores) hay aquí más de 10.000 cabezas nucleares y una reciente encuesta Gallup reveló que el 27% de los estadounidenses aprueba ataques nucleares contra dispositivos terroristas.
Según Tokatlián, es una “estrategia de primacía” en política exterior: “Washington no tolera ni tolerará ningún competidor, sea éste un aliado tradicional (la Unión Europea) o un potencial adversario (por ejemplo, China)”.
Todo esto asusta. Y aquí uno puede palparlo: cuando la mitad de una nación está perpleja y asustada, es que el autoritarismo está empezando a reinar. •


* Revista Debate, Nº 122.

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